¿Qué tal? Muy bien

Felicidad
De izda. a Dcha., Rodríguez Soriano, Rojas, Mayén yAsenjo, en la obra
FELICIDAD

Qué fácil, aparentemente. Qué complicado a la vez. La vida y nada más. Felicidad se llama este pequeño viaje de una compañía de raíces andaluzas, Tenemos gato. Y ofrece eso: un retrato de las pequeñas cosas que la dan o la quitan. Y de paso, para que el comprador no se vaya sin probar el producto, un trago de eso mismo, de felicidad, con un montaje mejorable, imperfecto, pequeño pero a la vez delicioso, divertido y sincero. Continuar leyendo “¿Qué tal? Muy bien”

Búfalas de Tetuán

Una vida americana
Luengo, Marcos e Isla, en la obra/Foto: Javier Naval
UNA VIDA AMERICANA

Hay obras que se resisten a la clasificación. A veces -aunque no siempre ocurra- éstas son más interesantes y enriquecededoras que las que se ajustan a etiquetas. Podríamos tratar de situarnos diciendo que Una vida americana remite al David Mamet de sus comienzos, y que sus protagonistas son losers como los de El búfalo americano, pero en versión Tetuán, en femenino y con más humor. Y aún seguiríamos lejos de la riqueza de capas e historias que encierra este texto de Lucía Carballal. Continuar leyendo “Búfalas de Tetuán”

El discurso del método de Flotats

Flotats y Ponce, en la obra / Foto: marcosGpunto
VOLTAIRE/ROUSSEAU. LA DISPUTA

Hace ya una década que Josep Maria Flotats ha encontrado un terreno fértil en el que se siente cómodo, y que tan sólo él cultiva en España: un teatro intelectual, casi siempre con pedigrí francés, en el que hay poco riesgo pero mucha idea, vehículos tan interesantes en lo conceptual como previsibles en lo teatral. Es más, sus temas, códigos y leit motivs, como ocurre con tantos artistas, parecen repetirse, copiarse, calcarse unos a otros. Continuar leyendo “El discurso del método de Flotats”

Natascha contra el Joker

Andrea de San Juan y Nacho Sánchez, en la obra /Foto de Luz Soria
LA TRISTEZA DE LOS OGROS

Juega el dramaturgo y director belga Fabrice Murgia en La tristeza de los ogros con una iconografía generacional en la que -ya al final- se incluye al Joker de Batman (el de Heath Ledger, tan perturbador). Es una imagen inquietante, como algunas más de este montaje que nos habla del horror con mayúsculas: las infancias truncadas, las adolescencias convertidas en pesadilla. Y elige dos casos para ello, tan dispares que un primer reparo a la idea de Murgia es conceptual: las juventudes rotas que reúne el montaje son dos caras de una misma moneda, la del horror, pero que se resisten a un tratamiento unitario: o se apuesta a cara o a cruz.

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