Conocer gente, comer mierda

LA CHICA DE LA AGENCIA DE VIAJES NOS DIJO QUE HABÍA PISCINA EN EL APARTAMENTO

Si Rodrigo García se tomara un poco menos en serio a sí  mismo, quizá habría firmado algo parecido a La chica de la agencia de viajes nos dijo que había piscina en el apartamento. Un largo título que podría ser el reverso actualizado de Conocer gente, comer mierda. Lo cual implica tanto el reconocimiento al argentino como padre de una generación que trabaja con códigos similares –la «rave» final, con los intérpretes rebozados en líquidos, lleva su huella–, como la constatación de que los nuevos creadores pueden encontrar su propia voz más allá de ese legado, en este caso con la salvación de una aparente intrascendencia, que no es tal.

Ya en el título se advierten algunas de las claves del espectáculo del colectivo El Conde de Torrefiel; esto es, el dramaturgo Pablo Gisbert, la mitad de la compañía de danza La Veronal –la otra mitad es el reciente Premio Nacional de Danza, Marcos Morau–, y la actriz Tanya Beyeler. Entre esas claves, la ironía y la lectura crítica de la sociedad occidental. Gisbert y compañía ofrecen líneas contra ese arte de la evasión que es el turismo, pero igual lanzan una diatriba contra Austria que construyen filias y fobias sobre las tribus urbanas, el amor y el sexo. 

Gisbert y compañía igual lanzan una diatriba contra Austria que construyen filias y fobias sobre las tribus urbanas, el amor y el sexo

Esta pieza de teatro posdramático mezcla performance, danza, cierta provocación –incluso en el largo «calvo» que perpetran los actores invitados, no acreditados en el programa, hay mucho humor– y una trabajada dramaturgia, que es proyectada o dicha por Cris Celada y Tania Beyeler, muy potentes en su comprensión del sarcasmo del montaje. El Conde de Torrefiel brilla cuando encuentra su propio lenguaje, como en el arranque, imaginativo y feroz, con una clase de taichi a la que el texto se sobrepone como una capa paralela. Cuando se limita a seguir los postulados del teatro moderno de moda –los largos parlamentos de las actrices frente a un micrófono– parece más de lo ya visto, pese a la fuerza de los textos.


Dramaturgia: Pablo Gisbert. Texto: P. Gisbert, Cris Celada y Tanya Beyeler. Dirección: Pablo Gisbert. Intérpretes: Cris Celada, Tania Beyeler y actores invitados. Festival de Otoño a Primavera. Teatro Pradillo. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Noviembre 2013).

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