¡Bellissimo!

"Corteo", del Cique du Soleil

CORTEO

Hacen falta a menudo años y un largo viaje de ida y vuelta para llegar a la infancia desde la madurez. Saber disfrutar como si todo fuera un juego y hacerlo con clase, elegancia y sabiduría, y con el bagaje de la experiencia tiene un peaje, la equivocación. Por eso los grandes han tropezado más de una vez y se han levantado de nuevo. La aventura internacional del Cirque du Soleil es la crónica de un éxito tal que en algunos tramos de su expansión había llegado fagocitar a sus criaturas, desaparecidas en productos previsibles, repetitivos o estéticamente desafortunados.

Pero no hay que olvidar que el que ha tenido, suele retener, y la compañía del astronauta Guy Laliberté, que años antes de subir a las estrellas ya era un visionario capaz de tocarlas, estaba dotada para ese regreso a los orígenes, a un espectáculo esencialista en el que el circo clásico le tiende la mano a la música y al teatro para reinventarse más allá de las fronteras rancias del género, y crear así un circo renovado.

El universo de Daniele Finzi Pasca, una postal mediterránea de comienzos de siglo, ya funcionó en otra compañía, el Cirque Eloize, y también lo hace aquí

Corteo, un espectáculo de 2005 que llega ahora a España, nos recuerda de lo que es capaz el Cirque y aquello que lo convirtió en estandarte de un nuevo género. Y supone ese punto en el camino en el que el creador sabe pararse y mirar hacia atrás. Tras Dralion (1994), Quidam (1996) y Varekai (2002), el Cirque vuelve a ser un niño curioso y alegre, una fiesta sensorial como en Saltimbanco (1992) y, sobre todo, Alegría (1994).

La feliz unión con las propuestas de Daniele Finzi Pasca tienen parte del mérito. El universo del suizo, una postal mediterránea de comienzos de siglo, ya funcionó en otra compañía, el Cirque Eloize, y también lo hace aquí. La madurez de los canadienses se nota además en lo arriesgado de una apuesta más teatral y melancólica –sin perder su espectacularidad y su humor– que parte de la muerte como «leit motiv». Porque Corteo es un “cortejo”, uno fúnebre, el del payaso Mauro –un redondo veterano del clown, Mauro Mozzani–, que muere y asciende a los cielos entre números deslumbrantes de trapecistas que se descuelgan de lámparas de araña y acróbatas que saltan en camas decimonónicas.

Corteo es un “cortejo”, uno fúnebre, el del payaso Mauro –un redondo veterano del clown, Mauro Mozzani–, que muere y asciende a los cielos entre números deslumbrantes de trapecistas

Hombre de teatro, Finzi Pasca traslada su saber a escenas deliciosas como la de la liliputiense contorsionista Valentina flotando sobre las cabezas del respetable o un teatrillo a escala natural en el que se deconstruye a Shakespeare desde el absurdo. Música, vestuario, maquillaje, todo suma para bien, incluida la propuesa técnica del Cirque, en esta historia “felliniana”, su espectáculo más sobrio pero también más ambicioso técnicamente, pues en un enorme rail surca los cielos de la pista. El circo ha muerto y resucitado. ¡Larga vida!


Autor y director: Daniele Finzi Pasca. Director de creación: Line Tremblay. Escenografía: Jean Rabasse. Música: Jean-François Côté. Composición y dirección musical: Philippe Leduc, Maria Bonzanigo. Vestuario: Dominique Lemieux. Iluminación: Martin Labreque. Coreografías: Debra Brown. Maquillaje: Nathalie Gagné. Diseño de rigging acrobático: Danny Zen. Grand Chapiteau, Puerta del Ángel. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Abril 2011).

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