Wilde aún es importante

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO

“Las circunstancias me impiden mentir como debiera”. Aunque fuera sólo por geniales latigazos como éste, en boca del protagonista de «La importancia de llamarse Ernesto», hay que admirar a un autor del siglo XXI llamado Oscar Wilde (1854-1900), un hombre libre que sigue fresco en los teatros, divirtiendo al público y recordándonos con su obra más famosa que el humor se encuentra en el mismo cromosoma que la inteligencia.

Eduardo Galán, un hombre que lleva a la espalda mucho teatro -del que se llama “comercial”, no por ello menor-, ha adaptado junto a Daniel Pérez este texto, separando con acierto el grano y la paja. Y es difícil, cuando se trata, como es el caso, de un vodevil victoriano de apariencia inofensiva, un divertimento de amores y mentiras que esconde una crítica feroz a la doble moral de los círculos más selectos, esos que exigen pedigrí a sus socios pero abrazan de forma hipócrita al poderoso caballero Don Dinero.

Gabriel Olivares traslada la acción a nuestros días. Como la alta sociedad probablemente no ha cambiado tanto desde el “fin de siècle” que sufrió Wilde, el recurso encaja como un guante

El director Gabriel Olivares traslada la acción a nuestros días. Como la alta sociedad probablemente no ha cambiado tanto desde el “fin de siècle” que sufrió Wilde, el recurso encaja como un guante en la sencilla puesta en escena. Patxi Freytez y Fran Nortes son los vividores Jack y Algernoon -o sea, los dos Ernestos inventados-, a los que encarnan con efectivo descaro. Rebeca Valls y Carmen Morales componen con humor el estereotipo de «pijas» modernas, y Yolanda Ulloa redondea el quinteto con su rígida Lady Bracknell, puro carácter.

En todos ellos se nota la mano de Olivares y Galán, que tienen ideas interesantes: la primera, el expresionismo de los actores, que convierten los papeles casi en caricaturas; deben vigilarlo, pues por momentos rozan el histrionismo. Otra sana ocurrencia: los injertos metateatrales de aforismos de Wilde en mitad de los diálogos. Como éste, para quitarse el sombrero: “La única forma de vencer una tentación es caer en ella”. El resultado es una muy digna versión que el público disfruta.


Autor: Oscar Wilde. Adaptación: Daniel Pérez y Eduardo Galán. Dirección: Gabriel Olivares. Intérpretes: Patxi Freytez, Fran Nortes, Carmen Morales, Yolanda Ulloa, Rebeca Valls. Teatro Maravillas. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Junio 2008).

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