Experimento extraviado

WOYZECK

La suerte del infeliz Woyzeck ha de arrastrarnos, hundirnos, conmovernos. Lo lograba Robert Wilson cuando hacía tronar a Tom Waits: «La miseria es el río de la vida». Porque sólo miseria conoce el soldado de baja estofa, carne de experimentos médicos que lo harán enloquecer. Pero el montaje del Centro Dramático Nacional tiene más de estanque que de río: Gerardo Vera construye uno de sus trabajos más hermosos en lo estético -con bosques de juncos salvajes abatibles dominando la penumbra-, pero tanto su dirección como, sobre todo, la versión de Juan Mayorga se diluyen en los problemas de alcoba del protagonista.

Büchner escribió a comienzos de siglo XIX un texto vanguardista que exploraba los mecanismos de la locura y las injusticias cotidianas del azar: el de nacer o no afortunado. Eso incluía la traición conyugal que arrastra a Woyzeck a la tragedia. La casquivana esposa del paria, una exuberante y alegre Marie que interpreta Lucía Quintana, es la creación más creíble. Su carnalidad nos aproxima a la tragedia y sus escenas con el seductor Tambor Mayor de Markos Marín, antítesis del protagonista, son contundentes.

Aunque faltaba un siglo para Brecht y Veil, Vera los mete con calzador en un largo arranque del que puede rescatarse el buen hacer de Marina Seresesky

Javier Gutiérrez crea un Woyzeck monocromático -podría ser cualquier personaje atribulado- y abusa de la gesticulación: lo que era virtud en su cómico Argelino con Animalario es aquí buenas intenciones que no acaban de cuajar. Como lo son los guiños al cabaret berlinés del director: aunque faltaba un siglo para Brecht y Veil, Vera los mete con calzador en un largo arranque del que puede rescatarse el buen hacer de Marina Seresesky como una charlatana maestra de ceremonias.

Pero el quid de la cuestión reside en la destrucción del protagonista perpetrada por el sistema, y en esta versión eso, que debería ser vital, parece un paisaje de fondo. Si bien Büchner dejó abierto el final, algunas versiones optan por el castigo al asesino. Aquí queda la incógnita y, con ella, la extrañeza.


Autor: Georg Büchner. Dramaturgia: Juan Mayorga. Director: Gerardo Vera. Intérpretes: Javier Gutiérrez, Lucía Quintana, Jesús Noguero, Helio Pedregal, Markos Marín, Marina Seresesky, Críspulo Cabezas, Jon Bermúdez, Helena Castañeda, trinidad Iglesias, Andoni Larrabeiti, Chani Martín, Mariano Marín, Sergio Sánchez Shaw… Escenografía: Max Glaenzel y Estel Cristià. Vestuario: Alejandro Andújar. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo. Música: Luis Delgado, Mariano Marín. Movimiento escénico y coreografía: Chevi Muraday. Teatro María Guerrero. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Marzo 2011).

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