Perseidas sobre Nunca Jamás

CLUSTER

¿En qué momento se da uno cuenta de que se le está terminando la juventud? ¿O ha terminado ya para no regresar? Estas preguntas nos las hemos hecho quienes hemos cruzado ya algunas fronteras en la vida. Pero hubo un tiempo en que nos hacíamos otras: ¿hacia dónde me lleva mi inercia actual? ¿Este trabajo basura es algo temporal o acabará enquistándose y se convertirá en mi realidad? ¿Por qué mis padres no me entienden? ¿Por qué no logro estar con la persona que me gusta? ¿Qué es esta sensación de vacío que me corroe? Si se identifican con alguna de ellas, enhorabuena: son o han sido jóvenes en algún momento de sus vidas y es probable que Cluster, el nuevo montaje de La_Compañía exlimite les atrape con fuerza.

Cluster es  una creación a partir de un laboratorio teatral con la compañía que surge tras meses de poner negro sobre blanco sus voces e historias y convertirlas en teatro. Fernando Delgado-Hierro le ha dado forma al texto y ha sabido crear un ritmo que engancha y fluye con naturalidad. La dirección de Juan Ceacero es clave en esto también: entrega una propuesta llena de juego, dinamismo y energía. Sabe bien lo que tiene entre manos, aprovecha los puntos fuertes de cada actor -una sólida compañía de voces podríamos decir jóvenes, que no noveles- y se sirve del espacio existente para generar en todo momento poder escénico e interés humano. El mismo dúo firmó el anterior montaje de la compañía, Los Remedios, y sin duda conviene prestarles mucha atención.

Propuestas como este ‘Cluster’ o como ‘Los Remedios’, que se verá en junio en la sala, son buenos motivos para cruzar el Manzanares y dejarse caer por este oasis de creación teatral en Usera

Lo de Cluster es un artificio, un macguffin si quieren: en el montaje ni siquiera se menciona al bar que le da nombre. El lugar sirve de paraguas conceptual -un neón tan solo nos informa de su existencia- para las historias y confesiones que contemplaremos y que ni siquiera suceden necesariamente allí. El espacio de la sala donde la compañía ha elaborado este laboratorio teatral durante meses se convierte en escenografía orgánica. Allí donde una vez estuvo Kubik Fabrik, la “familia” exlímite se asentó hace dos años para encontrarle un sitio a sus ideas y darle nueva vida al espacio escénico de la calle Primitiva Gañán. Propuestas como este Cluster o como Los Remedios, que se verá en junio en la sala tras estrenarse en el CDN, son buenos motivos para cruzar el Manzanares y dejarse caer por este oasis de creación teatral en Usera.

Historias reales -y si non e vero e ben trovato-, propias y ajenas, biografía sentimental y herida generacional. Cluster es un ejercicio de ese género de moda, la autoficción, en el que asistimos a una revisión con algo de realidad y algo de invención de las vidas, problemas, abismos y conflictos de los propios actores. Es un espectáculo episódico, fragmentado en escenas no narrativas, en las que diferentes monólogos, diálogos o escenas grupales revisan la incapacidad de unos para encontrar estabilidad emocional en sus relaciones de pareja, la agria relación de otros con unos padres que no entienden a sus hijos o la travesía del desierto que supone para algunos ir de trabajo en trabajo -con la precariedad de fondo- sin encontrar su sitio y sin que ninguno les llene o interese.

Por momentos, Cluster enlaza con las propuestas generacionales de Darío Facal y Metatarso, con el teatro de La Tristura y con la necesidad de dar voz a conflictos jóvenes, aunque desde una mirada algo más veterana, de La Joven.

Los actores se reparten las voces y comparten la palabra, haciendo que todas las historias sean comunes. Juntos forman una compañía compacta y llena de talento en la que cuesta destacar a nadie

Los actores se reparten las voces y comparten la palabra, haciendo que todas las historias sean comunes. Juntos forman una compañía compacta y llena de talento en la que cuesta destacar a nadie. Pablo Chaves tiene algunos de los momentos de mayor comicidad dentro de lo tragicómico que es todo lo que nos cuenta. Ángel Perabá aporta a la compañía una dimensión física expresa, con una forma de hacer cercana a la danza en los que lo corporal cobra peso, y Néstor Roldán y Javier Ballesteros imprimen el carácter más introspectivo y atribulado al grupo, con momentos ambos de implosión/explosión emocional.

Leticia Etala y Beatriz Jaén, en la parte femenina, aportan frescura intensa en sus viajes de la alegría al desánimo y la desesperanza. Es muy poderosa la bomba final de Ángela Boix, convertida en la voz que azota a toda la generación, aunque también hace suyos otros momentos, como el arranque de la obra, con una divertida escena con una pareja en la que él anda algo despistado. Me llamó la atención la diversidad de registros y capacidad para el juego de Belén de Santiago, una actriz con una fuerza y expresión intensos, que convierte cada escena en una obra de teatro diferente. En cualquier caso, funcionan como un conjunto. El buen hacer de unos y otros unido a la propuesta de dirección genera una sensación de continuidad y de fluidez.

No estamos ante unos adolescentes caprichosos. Son treintañeros de diferentes edades y extracciones sociales, algunos de ellos con pasados complejos y mochilas emocionales

Pese a lo que pueda parecer, Cluster no es una reflexión indulgente o llorona. No estamos ante unos adolescentes caprichosos o unos ninis con los que cueste empatizar. Son treintañeros de diferentes edades y extracciones sociales, algunos de ellos con pasados complejos y mochilas emocionales: el suicidio de un familiar, la enfermedad crónica que hace la vida a veces insoportable y ata a una joven actriz a los calmantes, la búsqueda infructuosa de la estabilidad sentimental, la falta de medios en el hogar familiar… Sin duda hay algo de peterpanismo en todos ellos, pero ¿en qué retrato generacional no lo hay? Saben que nunca jamás volverán a este periodo de sus vidas, en el que, por otro lado, tampoco es que sean precisamente felices. En sus historias y reflexiones hay autocrítica, sentido del vacío y del error, y se da voz al final a otra perspectiva: la de la generación anterior, los padres que les conminan a dejar de mirarse el ombligo y empezar a entender que la vida va de todo eso, pero también de otras cosas.

Es difícil acusar de escapismo a quien cierra un viaje vital como este contemplando una lluvia de Perseidas junto al mar, con la rabia transformada en el disfrute de las cosas que hacen que la vida merezca la pena, por mucho que sea fuera del paraíso de Nunca Jamás.


Autor: Fernando Delgado-Hierro, a partir de la creación del elenco. Dirección: Juan Ceacero. Intérpretes: Pablo Chaves, Ángel Perabá, Néstor Roldán, Javier Ballesteros, Belén de Santiago, Ángela Boix, Leticia Etala, Beatriz Jaén. Escenografía y vestuario: Paola de Diego. Iluminación: Juan Ripoll.Espacio exlimite. Madrid.

Estrellas Volodia

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