La cuadratura del círculo

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES

Dos hombres coinciden en un parque y, sin conocerse, comienzan a hablar. El punto de partida de Continuidad de los parques es formidable, juguetón, procaz casi en sus posibilidades, y se engrandece al alcanzar su destino. Con un título con aromas de Cortázar, el bestiario de cronopios surrealistas de Jaime Pujol –conocido como actor, sobre todo, pero también como dramaturgo– descubre una prosa ágil, capaz de hacer surgir el humor de un recurrente banco de parque a través de un esquema  episódico.

La continuidad del título la aporta Sergio Peris-Mencheta logrando la cuadratura del círculo en términos escénicos: la belleza y poesía de Luz verde, la última pieza, en la que dos hombres realizan un recorrido en un taxi inexistente dejándose arrastrar lejos de lo establecido, condensa la esencia de un conjunto que aborda muchos temas pero que, en definitiva, viene a mostrarnos cómo de la locura cotidiana de la gran ciudad se puede extraer una sonrisa siempre que se esté dispuesto a pararse, escuchar y observar lo que nos rodea con otros ojos.

Estamos ante una obra amable, blanca. Su única dureza –y no es poca– se halla en aquellos momentos que nos enfrentan al espejo de la demencia, uno de los temas que sobrevuelan varias escenas

Estamos ante una obra amable, blanca. Su única dureza –y no es poca– se halla en aquellos momentos que nos enfrentan al espejo de la demencia, uno de los temas que sobrevuelan varias escenas, tratadas todas con inteligencia y una buena dosis de sorpresa. Peris-Mencheta sigue jugando con esa despreocupación de chiquillo que hacía brillante su Tempestad. En el teatro, se nota cuando alguien se lo pasa bien, no hace falta analizar demasiado. Desde su opción musical –muy bellas las mezclas vocales con sintetizador de Marta Solaz, que colabora como actriz– o los cambios de iluminación y atrezzo para sumergirnos en un chaparrón o un día de invierno hasta la inclusión de lenguajes como la magia, todo señala un trabajo tan elaborado como pasional.

Como en todo montaje episódico, un peligro que acecha a éste reside en la disgregación, la falta de unidad y de profundidad. Otro, inevitable, es lo heterogéneo de la calidad: hay escenas buenas, unas cuantas, pero también alguna más floja. Las primeras abundan más: es estupendo el primer “sketch”, una divertida lección de seducción, y sorprendente el titulado Yeguas en la noche, en el que tres extraños jóvenes acosan a un tipo, interpretado por Roberto Álvarez, que tan sólo trata de leer el periódico. Y, claro, los hay soberbios, como El Truquis, con un Gorka Otxoa en estado de gracia como un atracador muy cheli que se encuentra con la horma de su zapato en un divertido Luis Zaheras. Peris-Mencheta convierte a su cuarteto protagonista en un combo compacto y extrae de ellos lo mejor en escenas imaginativas. A Fele Martínez le hace subirse por las paredes como el atribulado propietario de un perro incapaz de dominar lo que a todas luces parece la mezquindad en estado puro. Y, volviendo al final, en sentido inverso al viaje circular del montaje, en Luz verde Zaheras y Martínez consiguen la escena más lograda e íntima. Suban. No teman: el viaje les sorprenderá.


Autor: Jaime Puyol. Director: Sergio Peris-Mencheta. Dirección de arte y atrezzo: Eva Ramón. Intérpretes: Roberto Álvarez, Fele Martínez, Gorka Otxoa, Luis Zahera, Marta Solaz, Xabier Murúa. Música: Marta Solaz. Matadero Madrid-Naves del Español. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Mayo 2014).

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