El arte y la vida

VERANEANTES

Después de la sorpresa que supuso La función por hacer para la adormilada creación madrileña, Miguel del Arco y los actores de aquel brillante montaje han logrado el más difícil todavía. Todas las claves de aquel éxito –los espectadores dispuestos alrededor del escenario, los guiños metateatrales, el humor y el drama a partes iguales– están de nuevo en Veraneantes sin que resulten repetitivos, porque el buen teatro nunca cansa. Lo que lograron desconstruyendo a Pirandello lo multiplican dinamitando a Gorki. Del original Los veraneantes apenas quedan los cimientos en esta nueva obra. Pero logra que olvidemos todo durante otro ritual que invoca a personajes desorientados.
Seres bellos y puros, como Bárbara, o pura fachada, como Israel, los protagonistas encarnan lo mejor y, sobre todo, lo peor de cualquier grupo humano: ridiculez, egotismo y vacío. Son burgueses de formación elevada, pero sus males de elite cultural y económica pueden aplicarse a otros subconjuntos. La idealista que exige altura moral a todo el mundo, el rebelde devenido en bufón, la excéntrica de la meditación y los chakras, el icono del idealismo hundido en la misantropía o el artista obsesionado con un ideal creativo que se traiciona a sí mismo, dibujan una tribu de veraneantes mal avenidos cuyos débiles vínculos están abocados, desde el comienzo, a la fractura.

Del Arco matiza a Gorki respetando la profundidad de las ideas pero acercando el lenguaje a otra obra diferente que es pura energía

En el proceso, apuntan debates como la relación entre el arte y el compromiso o la posibilidad de cambiar el sistema o ser absorbido por él, como le ocurre a un político sin más principio que llegar al poder. Del Arco matiza a Gorki respetando la profundidad de las ideas pero acercando el lenguaje a otra obra diferente que es pura energía.

Todo el reparto participa en una coreografía interpretativa como pocas compañías son capaces de coordinar, con bailes, canciones, tremenda entrega física e interpretaciones memorables, desde el corrupto candidato de Israel Elejalde al descreído novelista de Ernesto Arias, la pureza herida de Bárbara Lennie, la provocación sexual de Elisabet Gelabert o la filosofía del superviviente del empresario de Raúl Prieto. Lidia Otón, Chema Muñoz, Manuela Paso, Míquel Fernández, Cristóbal Suárez y Miriam Montilla brillan por igual. No todos estaban en La función por hacer, pero los cuatro nuevos rostros se han amoldado a la perfección a la compañía existente y redondean una obra enorme.

Del Arco debe este nuevo triunfo, en gran parte, como el anterior, a este irrepetible grupo de intérpretes. Aunque sería injusto obviar la visión de un director que vuelve a demostrar, tras su experiencia con Nuria Espert, que sus éxitos no son fruto del azar sino del talento..


Autor: Miguel de Arco (a partir del texto de Máximo Gorki). Dirección: Miguel del Arco. Escenografía: Eduardo Moreno. Iluminación: Juanjo Llorens. Reparto: Bárbara Lennie,  Israel Elejalde, Mirim Montilla, Raúl Prieto, Míquel Fernández, Manuela Paso, Chema Muñoz, Elisabet Gelabert, Cristóbal Suárez, Lidia Otón, Ernesto Arias. Teatro de La Abadía. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Mayo 2011).

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