La Zaranda derrama litros de poesía

HOMENAJE A LOS MALDITOS

La Zaranda, sueño y esperpento, son tierra y pueblo, sentir de una España de la que se ríen y a la que comprenden a la vez, son una vieja hecha vino añejo. Son poesía de tasca o farra sobre el escenario, que al cabo debiera ser lo mismo para los cómicos de carretera. Como en una birrachera, el vino y la palabra se aúnan. “In vino veritas”. Aman las esencias, las raíces, los porqués iniciales, sin dejar de hacerse preguntas.

Con su poesía, un vendaval de verdades como puños escondidas bajo la máscara del absurdo, emborracharon al Teatro Español, ebrio de imágenes como versos y aturdido por la belleza de un espectáculo como Homenaje a los malditos. No deja de tener gracia: ellos lo serán algún día y, como al prócer al que en este texto trata de homenajear un grupo de “alumnos del maestro” falsos como Judas, llenos de rencores, odios y torpezas, también a ellos algún día alguien querrá ponerles etiquetas de las que se reirán, sin duda, si siguen vivos y no convertidos en un saco de huesos como el esqueleto que preside lo que ocurre en escena.

Criados en un teatro alejado de cauces comerciales, La Zaranda llevan a su Jerez natal en las venas. pero no busquen en ellos el tópico del andaluz gracioso

Grandes actores. Atávicos. Criados en un teatro alejado de cauces comerciales, La Zaranda llevan a su Jerez natal en las venas. pero no busquen en ellos el tópico del andaluz gracioso. Hay humor en este espectáculo, sí. A borbotones. Pero nace de la palabra, bien dicha por una compañía de grandes actores. Eusebio Calonge enfrenta al hombre con sus miserias: la chusma que se reúne alrededor de una mesa para leerle loas y entregarle distintivos a un prohombre no es al final mejor ni peor que el propio homenajeado. Sus pulsiones son básicas: el vil parné, el vino, el ansia de reconocimiento. No se dicen nombres ni se explican méritos, el argumento es lo de menos. El homenaje es a todos: cualquier institución, cualquier maldito o cualquier miserable de los que un día prohíben y otro ensalzan sin pudor.

La Zaranda ofrece símbolos y textos cargados de poesía llana, lirismo de la calle. Paco de La Zaranda hace fácil lo difícil. La Zaranda cumplió 25 años en 2003. Esperemos que la escuela no se agote y tengan cuerda para otros tantos. Brindo por eso.


Autor: Eusebio Calonge. Dirección y espacio escénico: Paco de La Zaranda. Iluminación: Eusebio Calonge, Francisco Sánchez, Enrique Bustos. Intérpretes: Gaspar Campuzano, Enrique Bustos, Paco de La Zaranda. Teatro Español. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón (10 de noviembre de 2005).

Estrellas Volodia

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