Importancia relativa

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO

Otra vez La importancia de llamarse Ernesto. Bien, nunca está de más disfrutar del repertorio más incontestable de Oscar Wilde, un enredo de personajes de la alta sociedad que tiene el récord de respuestas ocurrentes por página. Apunten ésta de Algernon, el soltero empedernido: «Todas las mujeres llegan a parecerse a sus madres. Ésa es su tragedia». Hay poco que decir del texto, bien adaptado por Alfredo Sanzol y José Padilla. Sanzol, autor navarro de comedias con sello personalísimo como Sí, pero no lo soy, dirige aquí a sus paisanos, la compañía del Teatro Gayarre, en una producción cuidada con escenografía floral y vestuario victoriano de Alejandro Andújar, en el que desentonan detalles como los pendientes y las melenas masculinas.
Estar dirigidos por Sanzol tiene su importancia, pero es relativa. Abordar un clásico tan conocido exige excelencia actoral o, al menos, alguna seña diferencial, y, bien el director, bien su reparto, no logran ni una ni otra. Correctos en general, Txori García Ruiz y Patxi Larrea parecen querer poner énfasis en la flema británica, pero rozan la parodia en sus Jack y Algernon, respectivamente.

En esa línea está casi todo el reparto, desde la Gwendolyn de Leire Ruiz a la rotunda Lady Bracknell de Aurora Moneo. Se salva la frescura de la Cecilia de Iratxe García Urriz. Con todo, Wilde es un seguro contra el aburrimiento.


Autor: Oscar Wilde. Adaptación: Alfredo Sanzol y José Padilla. Dirección: Alfredo Sanzol.  Intérpretes: Txori García Uriz, Patxi Larrea, Ieatxe García Urriz, Leire Ruiz, Aurora Moneo… Teatro Fernán Gómez. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Abril 2013).

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