Machi, tortuga y camaleón

LA TORTUGA DE DARWIN

La evolución de Harriet, la tortuga que Charles Darwin se trajo de las Islas Galápagos, que logra pensar, hablar y ser testigo de doscientos años de historia, aporta también un corolario incómodo a la teoría del origen de las especies: el que no mejora nunca es el hombre. En su nueva fábula, La tortuga de Darwin (Últimas palabras de Copito de Nieve o La paz perpetua, a punto de estrenarse, son otras obras suyas protagonizadas por animales), el dramaturgo Juan Mayorga recorre con ojos de niño curioso -a través de los de Harriet- y cierto pesimismo lúcido la revolución industrial, el nacimiento del marxismo, el ascenso de Hitler, las dos guerras mundiales…

Visto lo visto, mejor tomárselo con humor, y Mayorga lo hace en este texto ágil y ameno -más naïf que otros de mensaje similar, como Himmelweg– en el que no se sabe quién es más animal, y no sólo a título de especie con desmemoria histórica, sino en mezquindades concretas: los otros protagonistas, un historiador (Jesús Díez), un biólogo (Juan Carlos Talavera arranca carcajadas con su aprendiz de Mengele), y un ama de casa (Susana Hernández), son vergonzantes arquetipos de nuestra involución moral.

La experiencia y el buen hacer de Ernesto Caballero en la dirección, que hace teatro verdadero con las manos vacías, ayudan a un texto que se revela en escena como un caparazón a medida para Carmen Machi, cómica con mayúsculas, camaleónico e hilarante quelonio en una interpretación memorable. Parece cuestión de selección natural. ¿Le darán algún premio?


Autor: Juan Mayorga. Dirección: Ernesto Caballero. Intérpretes:Carmen Machi, Vicente Díez, Susana Hernández, Juan Carlos Talavera. Corral de Comedias de Alcalá de Henares. 14-3-2008.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Marzo 2008).

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