Cuñados barrocos y mujeres libres

Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz. JCNTC.
LOS EMPEÑOS DE UNA CASA

Días de la Mujer, huelgas de género, galas de los Oscar y campañas mundiales al margen, cualquier tarde debería ser buena para ver una función como Los empeños de una casa, o para sentarse a leer y descubrir el bello verso y la fascinante figura de la mexicana (novohispana en realidad) Sor Juana Inés de la Cruz. Si encima coincide con la fecha, miel sobre hojuelas. Y si la propuesta es tan lúdica y bien construida como la de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, el disfrute se suma a la satisfacción. Un acierto el de la CNTC haber programado este texto y a esta autora del XVII, tan celebrada -quizá sea la más conocida de las dramaturgas de su siglo- como escasamente representada en España. Continuar leyendo “Cuñados barrocos y mujeres libres”

Estrellas Volodia

Cuando la danza puso verde a Alemania

Una introduccion Mesa Verde Olga de Soto Kurt Jooss

Una mesa. Unos hombres con máscaras. Una pieza de danza. Un aviso. Millones de muertos. Muchos en Europa estuvieron ciegos. Pero hubo quien supo ver qué iba a suceder. Hubo quien supo adelantarse al Holocausto, quien acertó a entender que aquellos hombres uniformados que extendían el brazo no sólo iban a construir un nuevo Reich, sino que lo iban a hacer extendiendo la muerte y el terror.

La historia de La mesa verde, la coreografía de 1932 de Kurt Jooss, que es la que ahora recupera en formato documental y performático la indagadora de la escena Olga de Soto, es una de las más fascinantes de la danza en Occidente. Es la historia de cómo un coreógrafo supo anticiparse a la locura de todo un país.

Olga de Soto lo cuenta en Una introducción, una pieza documental creada en 2010 -producida en su día por el Festival Tanz Im August, en Berlín, Les Halles, en Bruselas y el CCN de Belfort – que presenta en los Teatros del Canal (días 9 y 10 de marzo). La valenciana, que vive y trabaja en Bélgica desde hace décadas, fue alumna en 1988 y 1989 de Hans Züllig, uno de los bailarines que estrenaron la mítica pieza con Jooss. En su documental, De Soto acercó su mirada a bailarines de aquella Mesa verde y a quienes la vieron en escena poco después de su estreno, que cuentan a cámara su experiencia.

De Soto ha trabajado con Meg Stuart, Boris Charmatz y Jérôme Bel, entre otros nombres. En 1992 comenzó a coreografiar. Desde 2004, cuando estrenó su pieza histoire(s), sobre un célebre ballet de Cocteau -la trajo a Madrid en 2005, dentro del festival Escena Contemporánea, y la programó en versión filme el Teatro Pradillo en 2016-, propone además reflexiones sobre el aspecto documental e histórico de la danza contemporánea.

Al margen de la trayectoria de De Soto, ¿por qué es especial Una introducción? Porque lo es su materia de estudio, una coreografía del alemán Kurt Jooss, con música de su compatriota Fritz Cohen. Estrenado en París en 1932 por la Folkwang Tanzbuhne, y reestrenado por la misma compañía en 1933 en su país -por aquel entonces llamada ya Jooss Ballet-, aquel aviso a la sociedad alemana cayó entonces en saco roto, pero sigue llamando a nuestras puertas hoy en día.

Jooss subtituló aquella coreografía de unos 30 minutos Una danza de la muerte en ocho escenas. Europa tenía muy presente el horror de la Gran Guerra -entonces  no se hablaba aún de la “Primera”-, que había dejado estragos imborrables en millones de familias . La mesa verde era, en parte, también un grito contra la muerte y la destrucción a gran escala. Pero los estudiosos coinciden: por encima de esa lectura, está el aviso contra Hitler y la locura que trajo consigo.

En escena, una larga mesa. A un lado y otro, hombres trajeados con máscaras y prótesis grotescas que comienzan a interactuar, a bailar, con la mesa. La política es violenta y fea: los políticos de Jooss juegan con el espacio, el lebensraum: hacen aspavientos sobre la mesa donde deberían sentarse a hablar, a comer, a compartir, a solucionar. Son como sanguijuelas, seres venenosos que imponen sus pies, sus cuerpos sobre ese espacio. La mesa es como el planeta volador de El gran dictador. Su juguete.

La pieza sigue con escenas de los horrores de la guerra y las danzas de la muerte: las familias rotas, los amantes separados, los refugiados, la prostitución a que se ven abocadas las mujeres… y los supervivientes. Como si Jooss se adelantara a las imágenes de la liberación de los campos infaustos.

En realidad, el coreógrafo de Stuttgart no podía prever el Holocausto. Pero parece que sí sacó conclusiones lógicas del momento sociopolítico: Alemania estaba humillada por el tratado de Versalles. Sus políticos, airados, calentaban al pueblo con arengas y le llenaban la cabeza de ideas patrióticas, de desaires y agravios -unos reales, otros exagerados o ficticios-, y Jooss supo ver, he ahí su mérito probablemente, que aquello conduciría a otra guerra y a más horror. El movimiento nacional-socialista (que llegaría al poder un año más tarde) sin duda estuvo en el ambiente que marcó a Jooss, aunque es aventurado asegurar que estuviera pensando en el cabo de Bohemia cuando creó la escena primera, con los políticos siniestros alrededor de la mesa.

Con la llegada de Hitler al poder en 1933, Jooss, artista y amigo de judíos,  pronto fue incómodo y acusado. He leído que Hitler quiso programar su ballet, pero que el coreógrafo se negó y por eso tuvo que huir. No he podido corroborar este dato. Se asentó en Londres con el Jooss Ballet. Al acabar la guerra, regresó a su país y se estableció como un prestigioso profesor. La Universidad de las Artes Folkwang, de la que fue fundador y director hasta 1968, sigue activa hoy en día. Jooss fue el padre, el fundador de la danza-teatro (tanztheater).  Pina Bausch y Susan Linke, sus discípulas aventajadas.

“No deja de ser curioso que el Holocausto, el hecho histórico que marcó al siglo XX y a casi todas sus artes -el cine, la literatura, el teatro- haya dejado menor huella en la danza”

No deja de ser curioso que el Holocausto y la II Guerra Mundial, el hecho y el momento históricos que marcaron al siglo XX y a casi todas sus artes -el cine, la literatura, el teatro- hayan dejado huella también, pero diría que mucho menor, en la danza. Hace unos años, Israel Galván estrenó «Lo real/Le réel/The Real», una pieza sobre el exterminio de los gitanos en los campos nazis. Antes que él, Nacho Duato, al frente de la CND, se adentró en el tema en su pieza Lamento (1990). Los norteamericanos Pilobolus habían estrenado A Selection (1999). Algunas otras coreografías a cargo de compañías israelíes, unas cuantas aventuras semi-amateurs o por agrupaciones de segunda línea… Pero poca repercusión o influencia real en los coreógrafos y agrupaciones que han dejado su nombre en la historia de las últimas décadas de la danza.

Nos queda Jooss, y las letras de otro Cohen, Leonard: “Dance me to your beauty with a burning violin / Dance me through the panic till I’m gathered safely in / Lift me like an olive branch and be my homeward dove / Dance me to the end of love”. Hazme danzar hacia tu belleza con un violín en llamas. Sí, hablaba de Auschwitz.

Estrellas Volodia

Lejos del Eagle

BIRDIE

¿Qué tienen que ver entre sí Los pájaros, de Hitchcock, la ciudad de Melilla, los campos de golf, los vencejos y el Arca de Noé? Aparentemente, nada. Pero Birdie, el nuevo espectáculo de Agrupación Sr. Serrano, compañía de referencia en las artes escénicas contemporáneas españolas, viene a decirnos que sí, que ese totum revolutum de conceptos compone una narración coherente sobre la España y el planeta en el que vivimos, las fronteras y el rechazo al otro. En parte es cierto, pero siguiendo con las analogías golfísticas y ornitológicas de este montaje, el golpe está lejos de lograr un eagle. Continuar leyendo “Lejos del Eagle”

Estrellas Volodia

No hay dolor

E.V.A.

Palabras que empiezan por “t”: travesía, terapia, tradición, transmisión, tiempo… Teatro, por supuesto. T de Teatro. Así se llama, en su traducción al catalán, la ya veterana compañía que ha visitado una vez más Madrid para celebrar un cuarto de siglo en esto de contar historias. Le gusta la narración a T de Teatre, en un sentido de hoguera y tribu, de puzle construido como esos que practica Robert Lepage -salvando las distancias, las tecnológicas y alguna otra-, y este cuento tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace. Continuar leyendo “No hay dolor”

Estrellas Volodia

Los lunes a la sombra

EL PLAN

El único plan que tienen los tres protagonistas de El plan es arrastrarse por la vida. Uno, en busca de dignidad. Otro, sobreviviendo instalado en el cinismo. El último, por un camino terrible y equivocado. Es extraño este texto que ha escrito y dirige Ignasi Vidal: juega a ser una comedia neorrealista, un retrato de la España que no logra deshacerse de Los lunes al sol, un costumbrismo de salón y bromas de andar por casa, confidencias de barra de bar, pero al final zarandea al espectador llevándole al terreno de la tragedia griega, que en este caso es también española, mediática y, por desgracia, cotidiana.

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La estirpe de Caín

 LULÚ

Hace años cayó en mis manos un libro ameno y provocador: La Biblia al pie de la letra. Lo escribía A. J. Jacobs, un norteamericano que vivió durante un año siguiendo las instrucciones de ese volumen fascinante y repleto de contradicciones por el que se guían espiritualmente millones de cristianos. Un poco de literalidad, del Génesis al pie de la letra, hay en esta Lulú, título evocador de historias antiguas, de femmes fatales y Babilonias contemporáneas, que se convierte en un pestañeo en una historia sobre el discurso del género y la violencia sobre la mujer. Su mejor baza es la hábil dramaturgia y la brillante carpintería teatral de Paco Bezerra.

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Viva la inteligencia

UNAMUNO. VENCERÉIS PERO NO CONVENCERÉIS

Es posible que sólo José Luis Gómez pudiera acometer un espectáculo como éste y no ya salir victorioso, sino habiendo convencido.  Hacía algún tiempo que no se veía al mejor Gómez, un intérprete en estado de gracia. Y en este retrato histórico, español y valiente, el actor, director, intelectual y académico lo apuesta todo al rojo y al blanco a la vez, y a ninguno de los dos en realidad. Lo juega todo a esa España intermedia -la tercera España de Ortega y Gasset, la de Marañón– para emocionar y elevarse en uno de los espectáculos más sublimes y acertados, en lo intelectual, y a la vez más bellos y complejos, en lo teatral. Viva, sí, la inteligencia.

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Máscaras del siglo XXI

Yogur Piano Gon Ramos
YOGUR PIANO

Marilyn Monroe dijo una vez aquella frase genial -entre otras- de que vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso. Gon Ramos se adentra en ese sentimiento en Yogur Piano, un texto y un espectáculo de retrato generacional e intimista. Poesía y dramaturgia desestructurada para hablar de soledad, de la búsqueda del amor ideal y de incomunicación. Y lo hace con una fiesta de cumpleaños, una discoteca, un torbellino de ruido y silencio.

En Yogur Piano, los jóvenes se miran de un lado a otro de la sala, se dicen cosas banales y trascendentes, se habla del amor y de galletas industriales, y se espera al cumpleañero como a un Godot. Parece que nadie estaba invitado, como Marilyn, a esa fiesta. Parece que a nadie le hicieran caso.

Yogur Piano es una propuesta oscura y postdramática, en la que se disfruta aunque no se entienda todo

Es una propuesta oscura y postdramática, en la que se disfruta aunque no se entienda todo. Ramos parece interesado -o eso concluí- en las máscaras que empleamos. En este caso, las que emplea la generación a la que él pertenece. Máscaras de amor, de amistad, de pertenencia. Toda fiesta es una convención en la que hay conversaciones vacías y pensamientos que no ven la luz.

La dramaturgia de este texto, que ha pasado fugazmente por el CDN (el sino de la programación teatral hoy en día en Madrid, casi no da tiempo a ver nada, y no hablo solo del CDN) después de haberse estrenado en el ya extinto Espacio Labruc, es un puzle compuesto desde las esquinas del escenario por un grupo de jóvenes actores, que componen diálogos y oratorios enfocados aquí y allá mientras el no discurso de Ramos avanza.

Yogur Piano es críptico y banal hasta la exasperación en algunos momentos, su mayor debilidad, pero a la vez poético y potente en otros, con propuestas corporales de gran interés que, desprovistas d elo que tienen de tendencia, ganarían.


Dramaturgia y dirección: Gon Ramos. Intérpretes: Itziar Cabello, Nora Gehrig, Daniel Jumillas, Marta Matute, Gon Ramos, Jos Ronda. Espacio escénico: Gon Ramos. Iluminación: Miguel Ángel Ruz Velasco. Música en vivo: Jos Ronda. Espacio sonoro: Matías Rubio. Teatro Valle-Inclán. Madrid.

Nota: esta crítica corresponde a una función vista en febrero de 2018, aunque no fue publicada hasta enero 2019.

Estrellas Volodia

¡Madre mía!

EDIPO

A ver: si mato a mi padre, me caso con mi madre y ésta se acaba suicidando, ¿eso me convierte en el huérfano de mi viuda o en el viudo de mi madre? Esta pregunta, junto a una larga y surrealista disquisición, están entre lo mejor de Edipo. Pero no el que cualquiera de nosotros ha visto otras veces. Que sí, que las grandes tragedias dan para grandes comedias. Y, si quedaba alguna duda, Chapitô. A quienes estas tres sílabas aún no les digan nada, no saben que se están perdiendo a una de las mejores compañías del momento.

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Las diosas deben de estar locas

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Comparada con la versión de la compañía gallega Voadora, cualquier otra producción de El sueño de una noche de verano vista hasta ahora me viene a la memoria transformada: ahora parecen recuerdos pesados, sin sustancia, insulsos. La de estos iconoclastas visitantes del CDN puede ser muchas cosas, empezando por no ser acaso siquiera lo que su título reza, porque de Shakespeare queda bien poquito. Pero, desde luego, aburrida no es. Continuar leyendo “Las diosas deben de estar locas”

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