Shakespeare vive (y deja vivir)

"Medida por medida", de [In]Constantes Teatro y Factoría Teatro
David Luque, Gonzala Scherman y Juan Díaz, en la obra
MEDIDA POR MEDIDA

Mateo, 7:2: “Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá“. El mensaje de Medida por medida, extraña comedia (¿tragicomedia?) de Shakespeare está contenido en el pasaje bíblico que el propio autor se encarga de citar. ¡Qué buen gobernante hubiera hecho el inglés, tan sensato siempre! Su mensaje nos alcanza cuatro siglos después rabiosamente vivo: un alegato contra la hipocresía y la doble moral, esta vez en una ‘joint venture’ de compañías españolas con solera: Factoría Teatro e [In]Constantes Teatro.

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María de Zayas y el MeToo

 
DESENGAÑOS AMOROSOS

El primer fin de semana del 41º Festival de Almagro deja sensaciones desiguales, con propuestas mejorables (algunas, mucho), otras notables y una brillante que cautivó a quien firma y a buena parte de la crítica. En otra entrada de esta página hablaré de FLDL ’11, el recital de Emilio Gutiérrez-Caba de poemas de Fray Luis de León acompañado de un trío de música de cámara barroca, y trataré también otro recital, hermoso y atípico, el de la cantante colombiana Betty Garcés, con músicas españolas (Turina, Mompou, Granados…) y textos de Quevedo, Góngora, Lope…También allí repasaré De lo fingido verdadero, adaptación en clave bufa de un texto de Lope sobre el juego de la realidad y la ficción en el oficio del actor, a cargo de Palmyra Teatro y KATUM Teatro.

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Festival de Almagro: Volodia viaja al Siglo de Oro

En un lugar de La Mancha…

De acuerdo, pido disculpas por la ‘apropiación cultural’, ahora que se lleva tanto el concepto. La tentación era intensa. Almagro no es un lugar cualquiera. La primera impresión del viajero despistado: un horno de sol, una plaza que es una casita de muñecas a escala, un puñado de calles encaladas, un tarro de berenjenas, queso, vino, duelos y quebrantos.

Pero Almagro es mucho más que todo eso: Almagro es un festival, y el lugar al que año tras año viajan miles de personas, incondicionales de un patrimonio único: nuestro teatro clásico. Para quien no haya venido nunca, una imagen: la plaza concurrida, abarrotada de paisanos, actores, turistas, teatreros, periodistas, farándula y viejos conocidos que año tras año repiten. El paseo, el tapeo, las exposiciones y, ya caída la noche, que antes se hace difícil -aunque nunca faltan cómicos osados en sus calles y plazas-, el teatro.

Acaba de arrancar la 41 edición, con Ignacio García estrenándose como director: desde aquí le deseamos mucha mierda, sin duda traerá un planteamiento fresco -de entrada, los vínculos con Iberoamérica, que este español mexicanizado tan bien conoce- y una mirada culta y creativa que aportará ideas nuevas a la estupenda etapa de Natalia Menéndez, quien reinventó la imagen y el concepto del festival justo cuando la crisis obligó a ajustarse el cinturón a las entidades que lo financian (que son el Ministerio de Cultura, a través del Inaem, la Junta de Castilla-La Mancha, la Diputación de Ciudad Real y el Ayuntamiento).

En el Corral de Comedias, ese túnel del tiempo sin igual en Europa, se entregó el principal premio del festival a Carlos Hipólito. Bien celebrada su trayectoria, justo, merecido homenaje a un actor enorme y querido. No siempre ocurre con los actores que conciten ese respeto y cariño unánimes. Lo dijeron Carmen Conesa y Julio Bravo, que hablaron -la actriz cantó además, Sondheim, cómo no- y leyeron la laudatio, respectivamente (además de un divertido Arturo Querejeta, que glosó su larga amistad con el homenajeado). Y es que Carlos ‘Carlitos’ Hipólito es muy popular por Cuéntame, pero antes piso muchas tablas. Y muchas de ellas clásicas: El misántropo, El médico de su honra, El burlador de Sevilla…

José Guirao y Carlos Hipólito, Festival de Almagro
El ministro de Cultura, José Guirao, con Hipólito en el Corral de Comedias

Y de burlador a burlador: después del premio a Hipólito, en el Hospital de San Juan aterrizó la Compañía Nacional de Teatro Clásico con la reciente producción del texto de Tirso de Molina que han firmado Borja Ortiz de Gondra (versión) y Josep Maria Mestres (dirección) y que antes había pasado por Madrid. En Volodia ya publicamos sobre este estreno, nada nuevo que añadir.

Del resto del festival, un par de apuntes: este año tiene a Colombia como país invitado e Ignacio García ha apostado por el teatro escrito en español de uno y otro lado del Atlántico por encima de los títulos ingleses o franceses, tan abundantes en alguna que otra edición (los hay también en ésta, aunque en menor medida).

Unas cuantas imágenes valen más que mil palabras. En la galería que abre este artículo, una pequeña muestra de lo que puede ya verse y lo que vendrá en estas tres semanas largas de teatro clásico.

Disfruten. Como reza el verso que sirve de lema a esta 41º edición, soñemos, alma, soñemos otra vez.

El frío del vacío

"Islandia", de Lluïsa Cuillé
Paula Blanco y Jordi Oriol, en la obra / Foto: May Zircus y David Ruano
ISLANDIA

En algún momento de su concepción, allá por 2009, quizá Islandia constituyera una idea atractiva. Puedo imaginarme a Lluïsa Cunillé, una de las dramaturgas españolas más justamente celebradas de las últimas décadas, queriendo construir un relato que hablara de la crisis financiera y a la vez del desencanto, de la desilusión a la que un joven se enfrenta cuando parte en busca de sus raíces y se da de bruces con la pesadilla de una América marginal y un desarraigo emocional. Pero todo ello, en escena, se convierte en este título que dirige Xavier Albertí, en una de las historias más frías y vacías que se hayan contado en los últimos tiempos en el Centro Dramático Nacional. Un largo viaje a ninguna parte en el que el espectador se siente tan atrapado como su protagonista.

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