Cabaret asicalíptico

ALFONSO EL AFRICANO

Alfonso XIII reinó en España entre 1886 y 1931. Esto es, desde que nació hasta que se proclamó la II República. Alfonso el Africano, el espectáculo de Chiqui Carabante producido por el CDN, es un cabaret deslenguado y brutal sobre uno de los aspectos más sonrojantes del Borbón, harto conocido pero no por ello menos sorprendente: su aficción a las películas porno caseras, hechas para él. Digo sonrojante sin atisbo de lectura moralizante. El problema no es el cine porno, sino que fuera la primera figura pública y jefe del Estado el que dedicara su tiempo y energías a ello. A Carabante y el resto de la troupe de la compañía Club Caníbal el “hobby” del monarca les sirve para darle un repaso a su figura, al resto de su controvertido reinado, marcado por la guerra del Rif con el infame desastre de Annual -de ahí el Africano del título- y la dictadura de Primo de Rivera, que encontró la connivencia del rey, y finalmente cerrado con su abdicación. Continuar leyendo “Cabaret asicalíptico”

Estrellas Volodia

¿Qué tal? Muy bien

Felicidad
FELICIDAD

Qué fácil, aparentemente. Qué complicado a la vez. La vida y nada más. Felicidad se llama este pequeño viaje de una compañía de raíces andaluzas, Tenemos gato. Y ofrece eso: un retrato de las pequeñas cosas que la dan o la quitan. Y de paso, para que el comprador no se vaya sin probar el producto, un trago de eso mismo, de felicidad, con un montaje mejorable, imperfecto, pequeño pero a la vez delicioso, divertido y sincero. Continuar leyendo “¿Qué tal? Muy bien”

Estrellas Volodia

Natascha contra el Joker

LA TRISTEZA DE LOS OGROS

Juega el dramaturgo y director belga Fabrice Murgia en La tristeza de los ogros con una iconografía generacional en la que -ya al final- se incluye al Joker de Batman (el de Heath Ledger, tan perturbador). Es una imagen inquietante, como algunas más de este montaje que nos habla del horror con mayúsculas: las infancias truncadas, las adolescencias convertidas en pesadilla. Y elige dos casos para ello, tan dispares que un primer reparo a la idea de Murgia es conceptual: las juventudes rotas que reúne el montaje son dos caras de una misma moneda, la del horror, pero que se resisten a un tratamiento unitario: o se apuesta a cara o a cruz.

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