Armarios vacíos en Nunca Jamás

¿A QUIÉN TE LLEVARÍAS A UNA ISLA DESIERTA?

Entre la joven creación teatral que bulle en Madrid cabe celebrar aventuras que les toman el pulso a los problemas generacionales. En Nave 73, una pequeña salita de Embajadores –delicioso ambiente, agradable bar y ambigú moderno–, se estrenó ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, montaje que ha funcionado muy bien y que ha saltado después al Teatro Lara. Sin duda ha conectado con un público que demanda esas historias del momento. En este caso, la de tres amigos del alma: Eze, un quiero y no puedo con sueños de cine; Celeste, aspirante a actriz; y Marcos, médico en ciernes, que comparten un piso de estudiantes.

El montaje de Jota Linares lo abre en canal, con tres espacios a la vista –dormitorio, salón y terraza–, en una puesta en escena sencilla pero efectiva con buen uso de la luz y el sonido. El apartamento, quinto protagonista, es un paraíso de libertad que se les acaba con una madurez que se niegan a aceptar: Marcos se va a vivir con su novia, Marta, y a Eze le ha salido un trabajo fuera. A punto de separarse, jugarán a decirse verdades en una noche catártica.

¿De verdad es un dramón que a un amigo/amado le ofrezcan una oportunidad laboral fuera? El texto del propio Linares y Paco Amaya tiene intensidad, pero poco vuelo dramático

Reconozco que me cuesta empatizar con los  problemas y los –muy previsibles– secretos de estos tardoveinteañeros cautivos del síndrome de Peter Pan. ¿De verdad es un dramón que a un amigo/amado le ofrezcan una oportunidad laboral fuera? El texto del propio Linares y Paco Amaya tiene intensidad, pero poco vuelo dramático: su desarrollo parece más televisivo que teatral. Un conflicto pasional divide la obra en dos partes.

En la primera, asistimos a un País de Nunca Jamás abocado a desaparecer; en la segunda, a una salida del armario que se veía venir a kilómetros. El reparto se defiende con tesón y buen hacer en este drama de jóvenes desnortados.  Están bastante bien Abel Zamora –aunque debe pronunciar mejor en sus soliloquios– y Juan Blanco; también Beatriz Arjona, la «Yoko Ono» de esta historia a su pesar. Especial frescura tiene Maggie Civantos, convertida en una Marilyn rediviva, una divertida y tierna «pin-up» en la que se reconocerán muchas actrices.


Autores: J. Linares y Paco Anaya. Director: J. Linares. Intérpretes: Juan Blanco, Abel Zamora, Maggie Civantos, Beatriz Arjona (María Hervás). Teatro Lara. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Mayo 2015).

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