Banderas, de ocho y medio a diez

Una nueva demostración del talento de Banderas como dinamizador cultural, productor y director. También de su madurez sobre las tablas, en un papel lleno de encanto, el del disperso Bobby, que tanto recuerda al del Fellini de 8 y 1/2 y que parece que le hubieran escrito a la medida. Un tipo del que es difícil no enamorarse o admirar su magnética candidez, mientras un buen puñado de estupendas canciones y de números divertidos retratan el alma de una ciudad.

Carreteras secundarias

No dejen de ir a ver este montaje. Saldrán más sabios y mejores, compartan o no las moralinas políticas, que algo de eso hay también en este retrato de las dos Españas, porque es una obra hermosa y divertida que habla de libertad y de segundas oportunidades en la vida, de disfrutar, de ser quien uno quiere ser y de amar. Y falta nos hace en estos tiempos

La belleza de un bosque en movimiento

En líneas generales, este Macbeth es una hermosa propuesta con acordes pero también con algún desacuerdo, aunque los primeros dejan más huella que los segundos. Su impacto visual queda como una poderosa marca y como un acertado homenaje a la carrera de Gerardo Vera.

Sanzol no se deja comprar

Sanzol se resiste a la previsibilidad del desenlace con su prosa impermeable a los tópicos, una escritura que da volantazos narrativos y está atenta al detalle de lo prosaico, al lenguaje cotidiano con sus silencios, sus repeticiones absurdas pero reveladoras y su sinsentido.

¿Un éxito metódico?

Construida con escuadra y cartabón, perfecta en su arquitectura dramática, la comedia ‘El crédito’ es Jordi Galcerán en estado puro: líneas y réplicas ágiles, escritura coloquial, situaciones divertidísimas, personajes con fondo, giros imprevistos y un colmillo bien afilado. El autor nos lleva en su nuevo estreno a un banco donde un tipo pide un crédito. Cuando el director se lo niega, será amenazado por el cliente con una estrategia que sobrepasa cualquier moral y que hará tambalearse su perfecta vida familiar.

Importancia relativa

Estar dirigidos por Sanzol tiene su importancia, pero es relativa. Abordar un clásico tan conocido exige excelencia actoral o, al menos, alguna seña diferencial, y, bien el director, bien su reparto, no logran ni una ni otra. Con todo, Wilde es un seguro contra el aburrimiento.

El imperio de Portillo

Pimenta puede ya presumir de haber firmado un espectáculo memorable, una producción poderosa que sortea la adversidad de los tiempos con una sobriedad disfrazada de impacto.

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