La soledad de los números primos

"El curioso incidente del perro a medianoche", de M. Haddon y S. Stephens
Álex Villazán, como Christopher, en el montaje / Foto: David Ruano
EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE

No abundan en los escenarios los textos que aborden la realidad de personas aquejadas por trastornos del espectro autista (TEA), lo que suele conocerse como autismo. Si la locura y la esquizofrenia han sido ampliamente visitadas a lo largo de la historia, en el caso del autismo el cine ha hecho más que el teatro, aunque no han faltado aproximaciones en este terreno. Este “curioso incidente del perro a medianoche” es una historia hermosa a partir de un texto del novelista inglés Mark Haddon que su compatriota y dramaturgo Simon Stephens (autor de Punk Rock, Motortown, Blue Bird…) ha adaptado a escena. Construida con solidez y energía por un equipo veterano, su protagonista casi absoluto, en un trabajo notable de inmersión, es un joven actor, Álex Villazán.

Toda la historia gira en torno a Chirstopher Boone, un chaval entrañable, un chico autista de 15 años con una mente prodigiosa para las matemáticas que deberá enfrentarse a la vida, a sus barreras, a una familia desestructurada y a los secretos que los adultos han levantado como muros para protegerle. Lo hará con decisión y valentía en un viaje iniciático construido por Haddon y Stephens alrededor de un falso thriller, un whodunnit doméstico -salvando las distancias, me recordaba el original planteamiento de la película Brick– en el que el ambiente y los personajes son lo importante, mucho más por supuesto que saber quién mató al pobre perro de la vecina a medianoche.

“Un viaje iniciático construido por Haddon y Stephens alrededor de un falso thriller en el que el ambiente y los personajes son lo importante, más que saber quién mató al pobre perro”

La apuesta de José Luis Arellano García, el director habitual de La Joven Compañía, es triple: el primer elemento es la historia, con su peso propio, que llama a las puertas de la indiferencia social para hacernos ver el brillo de personas como Christopher, a los que se condena a veces a una soledad que es fruto de la incomprensión. Christopher puede multiplicar en segundos cifras de varios dígitos, pero coger un tren a Londres, salir de su burbuja, es una odisea para él.

El segundo elemento es el talento de su joven actor, que se entrega en un esfuerzo digno del Actor’s Studio -si es usted enemigo del “método”, no vaya a ver esta función- en un repertorio de tics y gestos bien estudiado y trabajadísimo, aunque en ciertos momentos algo sobrexplotado. Hay que seguir a Villazán: pese a los matices comentados, no es fácil enfrentarse a un morlaco como este papel, exigente y peligroso por el abismo que se abre a sus lados -quedarse corto o pasarse- y Villazán se echa la función a cuestas.

El tercer eje de la apuesta de Arellano es su concepción audiovisual, con una escenografía audiovisual que convierte la gran pared del fondo en un panel y pizarra lumínica. El trabajo escenográfico de Gerardo Vera y el de vídeo de Álvaro Luna son impecables en lo técnico y sirven a su propósito -quédense al final, tras los aplausos; merece la pena asistir, como “bis teatral”, a la explicación de un problema matemático sobre la pantalla por parte del protagonista-, aunque personalmente me resulta una concepción algo fría, desangelada. Una historia tan humana parecía pedir un viaje más cálido.

“Marcial Álvarez y una solidísima Mabel del Pozo -que viaja de un sentimiento a otro en un personaje con aristas- interpretan papeles claves en la vida de Christopher”

Alrededor de Villazán, el reparto se desenvuelve con presteza y eficacia, en un tono que busca destellos de humor dentro de lo que podríamos llamar un drama social y familiar, aunque estamos en una función blanca, con final feliz. Un teatro idóneo para todo tipo de públicos, incluso el familiar.

Marcial Álvarez y una solidísima Mabel del Pozo -que viaja de un sentimiento a otro en un personaje con aristas- interpretan papeles claves en la vida de Christopher, y Lara Grube encarna con calidez a una educadora que ejerce de figura maternal -o fraternal casi-, y con ellos cohabitan en esta historia un puñado de intérpretes en apariciones de reparto -vecinos, policías, profesores…- entre los que despunta por su comicidad la vecina hospitalaria de Carmen Mayordomo.


Autor: Simon Stephens, a partir de la novela de Mark Haddon. Traducción: José Luis Collado. Dirección: José Luis Arellano García. Intérpretes: Álex Villazán, Marcial Álvarez, Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías, Eva Egido. Escenografía: Gerardo Vera. Iluminación: Juanjo llorens. Vestuario: Silvia de Marta. Música: Luisa Delgado y Alberto Granados. Vídeoescena: Álvaro Luna. Teatro Marquina. Madrid.

Concerto grosso

"El concierto de San Ovidio", de Buero Vallejo, dirigido por Mario Gas (CDN)
Lander Iglesias, rodeado de otros protagonistas de la obra / Foto: marcosGpunto
EL CONCIERTO DE SAN OVIDIO

Dos siglos antes que Francis Veber, otro avispado francés, el feriante Valindin, ya inventó la cena de los idiotas. O de los ciegos. Se trataba de reírse de alguien. Aquel episodio real de crueldad fue recogido por Antonio Buero Vallejo en El concierto de San Ovidio, uno de sus grandes dramas históricos. Visto hoy, el texto sigue enorme, majestuoso en su construcción y su ritmo. Impecable. Solo quedaba acertar a traerlo a nuestros días. ¿Pero cómo? La respuesta que Mario Gas, un maestro de nuestras tablas, ha encontrado no gustará a muchos, pero es sublime: no haciéndolo. Continuar leyendo “Concerto grosso”

Viva la inteligencia

José Luis Gómez, por duplicado, como Gómez y Unamuno / Foto: Sergio Parra
UNAMUNO. VENCERÉIS PERO NO CONVENCERÉIS

Es posible que sólo José Luis Gómez pudiera acometer un espectáculo como éste y no ya salir victorioso, sino habiendo convencido.  Hacía algún tiempo que no se veía al mejor Gómez, un intérprete en estado de gracia. Y en este retrato histórico, español y valiente, el actor, director, intelectual y académico lo apuesta todo al rojo y al blanco a la vez, y a ninguno de los dos en realidad. Lo juega todo a esa España intermedia -la tercera España de Ortega y Gasset, la de Marañón– para emocionar y elevarse en uno de los espectáculos más sublimes y acertados, en lo intelectual, y a la vez más bellos y complejos, en lo teatral. Viva, sí, la inteligencia.

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Cuando Buero descifró Matrix

Escena de En la Fundación / Foto: David Ruano
EN LA FUNDACIÓN

Horror, resistencia, dignidad, mentira, abusos, poder, torturas, locura, ficción, realidad, delación, causas perdidas, causas encontradas…

La Fundación debería ser una lectura y una representación obligadas en la enseñanza media. Buero Vallejo, en general, debería serlo -y también Calderón, Valle-Inclán y algunos más-. Es una obra de ojos abiertos y mente atenta. Como nuestros  responsables de Cultura y Educación prefieren dedicarse a colaborar en la asfixia de ambas, vía impuestos, últimamente, y planes educativos desquiciados (eso ya desde hace décadas), son esfuerzos aislados los que ponen las cosas en su sitio. Bravo, pues, por el Festival de Otoño por esta apuesta y por La Joven Compañía por recuperar el espíritu y la letra del mejor Buero. Continuar leyendo “Cuando Buero descifró Matrix”