Máscaras del siglo XXI

Yogur Piano Gon Ramos
Los protagonistas de Yogur Piano / Foto: Pablo Bonal
YOGUR PIANO

Marilyn Monroe dijo una vez aquella frase genial -entre otras- de que vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso. Gon Ramos se adentra en ese sentimiento en Yogur Piano, un texto y un espectáculo de retrato generacional e intimista. Poesía y dramaturgia desestructurada para hablar de soledad, de la búsqueda del amor ideal y de incomunicación. Y lo hace con una fiesta de cumpleaños, una discoteca, un torbellino de ruido y silencio.

En Yogur Piano, los jóvenes se miran de un lado a otro de la sala, se dicen cosas banales y trascendentes, se habla del amor y de galletas industriales, y se espera al cumpleañero como a un Godot. Parece que nadie estaba invitado, como Marilyn, a esa fiesta. Parece que a nadie le hicieran caso.

Yogur Piano es una propuesta oscura y postdramática, en la que se disfruta aunque no se entienda todo

Es una propuesta oscura y postdramática, en la que se disfruta aunque no se entienda todo. Ramos parece interesado -o eso concluí- en las máscaras que empleamos. En este caso, las que emplea la generación a la que él pertenece. Máscaras de amor, de amistad, de pertenencia. Toda fiesta es una convención en la que hay conversaciones vacías y pensamientos que no ven la luz.

La dramaturgia de este texto, que ha pasado fugazmente por el CDN (el sino de la programación teatral hoy en día en Madrid, casi no da tiempo a ver nada, y no hablo solo del CDN) después de haberse estrenado en el ya extinto Espacio Labruc, es un puzle compuesto desde las esquinas del escenario por un grupo de jóvenes actores, que componen diálogos y oratorios enfocados aquí y allá mientras el no discurso de Ramos avanza.

Yogur Piano es críptico y banal hasta la exasperación en algunos momentos, su mayor debilidad, pero a la vez poético y potente en otros, con propuestas corporales de gran interés que, desprovistas d elo que tienen de tendencia, ganarían.


Dramaturgia y dirección: Gon Ramos. Intérpretes: Itziar Cabello, Nora Gehrig, Daniel Jumillas, Marta Matute, Gon Ramos, Jos Ronda. Espacio escénico: Gon Ramos. Iluminación: Miguel Ángel Ruz Velasco. Música en vivo: Jos Ronda. Espacio sonoro: Matías Rubio. Teatro Valle-Inclán. Madrid.

Nota: esta crítica corresponde a una función vista en febrero de 2018, aunque no fue publicada hasta enero 2019.

¡Madre mía!

Edipo Chapitô
Los tres integrantes de Chapitô, en la obra
EDIPO

A ver: si mato a mi padre, me caso con mi madre y ésta se acaba suicidando, ¿eso me convierte en el huérfano de mi viuda o en el viudo de mi madre? Esta pregunta, junto a una larga y surrealista disquisición, están entre lo mejor de Edipo. Pero no el que cualquiera de nosotros ha visto otras veces. Que sí, que las grandes tragedias dan para grandes comedias. Y, si quedaba alguna duda, Chapitô. A quienes estas tres sílabas aún no les digan nada, no saben que se están perdiendo a una de las mejores compañías del momento.

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Las diosas deben de estar locas

Sueño de una noche de verano Voadora CDN
Areta Bolado, como Titania / Foto: Tamara de la Fuente
SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Comparada con la versión de la compañía gallega Voadora, cualquier otra producción de El sueño de una noche de verano vista hasta ahora me viene a la memoria transformada: ahora parecen recuerdos pesados, sin sustancia, insulsos. La de estos iconoclastas visitantes del CDN puede ser muchas cosas, empezando por no ser acaso siquiera lo que su título reza, porque de Shakespeare queda bien poquito. Pero, desde luego, aburrida no es. Continuar leyendo “Las diosas deben de estar locas”

Un pez llamado nada

Todos Nuqart Queralt Riera Nuria Tomás Teatro Lara
Los actores de Todos, en un ensayo
TODOS

La primera pregunta que todo espectador debe plantearse es por qué va a ver una obra, qué espera de ella. Y debe ser sincero consigo mismo. Quizá mi error primero con Todos fuera no hacerme esta pregunta. Estuve tentado de abandonar la sala a los diez minutos de comenzar la función. Eso implicaría, claro, no escribir esta crítica. No le veo sentido alguno a destruir el esfuerzo de una productora pequeña, máxime cuando nada se gana con ello. Pero pensé entonces en las funciones de la crítica, y en que no se trataba ya de una dramaturgia vergonzosa, una producción lamentable o una propuesta semimusical cutre. Lo peor de “obras” como Todos, que desde hace algún tiempo pululan por las carteleras teatrales en las grandes ciudades, es que son el síntoma de una cierta decadencia generacional. Son el signo de tiempos vacíos. Continuar leyendo “Un pez llamado nada”