La Teoría de la Involución del Cirque du Soleil

Los astronautas rusos de Totem
TOTEM

Teorema 1:  “El peor título del Cirque du Soleil es mejor que mucho de lo que se ve en la cartelera habitualmente”. Al menos, si hablamos de “espectáculos”. Sus producciones son vehículos perfectamente engrasados con dos lubricantes que no abundan en la naturaleza (teatral) en aleación: talento y dinero.

Teorema 2: “Como todo artista o compañía, el Cirque se repite”. Tiene la gran compañía canadiense su sello particular, aunque cuando hablamos de repeticiones en realidad deberíamos decir constantes. En la ecuación del Cirque du Soleil hay variables -el tema elegido en cada montaje, los números del repertorio, el acierto y la conexión, la espectacularidad o el tamaño de cada producción- y también son recurrentes una serie de elementos fijos. Llamémosles “C” y”E”, por ponernos en terminología de laboratorio. “C” es siempre colorido e invitación a la alegría, a la festividad más desprejuiciada. “E” recoge la estética excesiva. El más sobrio de sus espectáculos -pienso en el bellísimo Corteo– espantará a quienes no soporten las mallas chillonas y el terciopelo brillante.

Teorema 3: “Pese a los Teoremas 1 y 2, el Cirque siempre es capaz de deslumbrar”. Dicho de otro modo, al Cirque se le puede y se le debe pedir la excelencia. Y hay mucho para comparar.

“Lepage propone un juego con la evolución de la vida y de la especie humana como telón de fondo. Su sello se deja ver en diversas proyecciones audiovisuales”

Totem, su nuevo espectáculo que acaba de entrar en España a través de Madrid -luego irá a Sevilla, Barcelona, Málaga y Alicante- por mucho que lleve la firma de Robert Lepage, con lo que ésta prometía, está lejos de ser “el” espectáculo. Es, volviendo al primer enunciado, un gran montaje de circo artístico. Lepage propone un juego con la evolución de la vida y de la especie humana como telón de fondo. Su sello se deja ver en diversas proyecciones audiovisuales sobre una rampa móvil en la que las olas, la lava de los volcanes primigenios o la noche estrellada sirven de manto y y ambientación para que los artistas vayan saliendo de entre un bosque de juncos en un lateral.

También intuyo el sello del director de La trilogía de los dragones y Lipsynch en lo narrativo: quizá Totem sea el más discursivo de los espectáculos del Cirque, por más que en escena veamos circo y sólo circo. Más que un leit motiv, la evolución de las especies conforma casi una pequeña historia que hila los números: la del ser humano desde la noche de los tiempos hasta el futuro próximo.

“El director se lía en su “evolución” y mezcla bañistas que hacen equilibrios en anillas y criaturas salidas de la antigüedad china que poco encajan en la idea propuesta”

Arranca Totem así con un enorme caparazón de tortuga cubriendo el escenario -¿la Gaia primitiva?- que al descubrirse muestra a los primeros anfibios: un número llamativo en lo estético de acróbatas en barras. La evolución  sigue con aborígenes -un llamativo trabajo de hula hops-, neandertales y sapiens -otros acróbatas, estos sobre una estructura móvil de barras-, y tribus diversas -las unas en patines, las otras colgando de trapecios-, pasando por científicos darwinianos rodeados de tubos -un juego de malabares con bolas en trayectorias elípticas dentro de un gran embudo transparente- y así hasta llegar al hombre del futuro, encarnado en unos astronautas fluorescentes que saltan en barra rusa.

En el camino, Lepage se lía en su “evolución” y mezcla bañistas que hacen equilibrios en anillas y criaturas salidas de la antigüedad china que poco encajan en la idea propuesta (fabulosas, eso sí, el público aplaudió a rabiar el mejor de los números: cinco malabaristas haciendo imposibles con platos lanzados con sus pies).

De acuerdo al Teorema 1, cualquier espectador que no vaya al circo con la nariz estirada, como dicen los ingleses -y que relativice un poco el precio pagado por la entrada- pasará un buen rato viendo este nuevo viaje circense, de la gran compañía. Yo el primero, a qué negarlo. La música tribal elevaba el espíritu; la luz, como siempre, impecable; y la producción, deslumbrante -no cuento el parón técnico de diez minutos,  ocurre en las mejores familias y son cosas del directo-. El Cirque además sabe crear un ambiente de expectación en la antesala de la carpa y domina la magia del márketing y el merchandising como pocas empresas.

Totem es más que una evolución, una involución del Cirque hacia la etapa de Dralion o Alegría, en lo estético al menos. Y de Quidam o Saltimbanco en su concepción como espectáculo formal”

De acuerdo al Teorema 2, incluso en el más original de los montajes del Cirque, el espectador verá siempre el “mismo” espectáculo -y a la vez no lo hará-, un poco a la manera en que todos los monólogos de El Brujo son los mismos y a la vez no lo son. O si quieren un ejemplo más contundente en el que quizás no todos estemos de acuerdo, de la misma forma en que todos los trabajos de Rodrigo García forman una clonación de sus comienzos con variaciones. Todo artista se plagia a sí mismo alguna vez. Y algunos -no todos- lo hacen sin parar. Ni siquiera los más grandes se libran de esta maldición. De Velázquez a Damien Hirst, de García Márquez a Murakami. Los Ramones o AC/DC se han pasado 40 años haciendo la misma canción -insisto, con variaciones, y qué más dará, lo hacen muy bien-, pero también Lope, Calderón o Tirso se repetían y copiaban sin pudor -y de nuevo, qué más dará-. Hasta Shakespeare. Ocurre en todas las artes.

Nota intermedia entre teorema y teorema: el estado creativo de la sorpresa y la reinvención pura, genuina, sólo lo alcanzan ciertos elegidos. En cine, Kubrick y alguno más. Cada película suya parecía hecha por un director diferente, con la única constante del perfeccionismo obsesivo (y algunas otras marcas, sí, aunque menos obvias).

Vuelvo al Cirque du Soleil. Obviamente, buscan ser fieles a su estilo, que tantos réditos le ha dado a la multinacional. ¿Por qué no? La cuestión no es si se ve el “mismo” espectáculo, sino si los cambios son lo suficientemente atractivos, novedosos o significativos. En Totem, ninguna de las tres. Totem es, en ese sentido, más que una evolución, una involución del Cirque hacia la etapa de Dralion o Alegría, en lo estético al menos. Y de Quidam o Saltimbanco en su concepción como espectáculo formal. Tampoco es el más deslumbrante de los saltos del Cirque en lo circense. Barra rusa, anillas, trapecio fijo, contorsionistas, equilibrios, malabares -muy llamativo los que desarrolla uno de sus artistas con un diábolo-… pero no hay trapecio doble, rueda de la muerte, cable… El Cirque parece no querer complicarse la vida. Pero ese redoble de tambor se echa en falta.

Corolario 1: al final, la ecuación del Cirque se resuelve siempre en disfrute.

Corolario 2: si el espectador ha visto mucho Cirque, el corolario 1 no se cumplirá.


Escritor y director: Robert Lepage. Director de creación: Neilson Vignola. Escenógrafo y diseñador de atrezzo: Carl Fillion. Diseñadora de vestuario: Kym Barrett. Diseño de iluminación: Étienne Boucher. Música: Bob & Bill. Gran Carpa del Cirque du Soleil – Escenario Puerta del Ángel. Madrid.

2 opiniones en “La Teoría de la Involución del Cirque du Soleil”

  1. En gran parte de acuerdo con la crítica aunque, para ganar credibilidad, sería deseable que quien la escribe supiera (o se molestara en aprender) escribir los términos que usa. Que ya no somos “neardentales”!

    1. Gracias por la corrección: la errata, si sirve de algo, se ha empeñado en acompañarme como una suerte de dislexia obsesiva a lo largo de los años. Da igual que esté releyendo por segunda vez el estupendo “Sapiens” de Yuval Noah Harari, al final acabo escribiendo ese “neardental” que hace daño a la vista. Corregido. Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *