El Paral·lel en la Gran Vía

CÓMEME EL COCO, NEGRO

La primera lectura de Cómeme el coco, negro es que este espectáculo ya clásico de La Cubana, estrenado en 1989 y ahora de regreso a la carretera, es un homenaje a esa especie en peligro de extinción que son las compañías de revista. La compañía catalana ofrece al music-hall una dignidad perdida en este muy divertido poema de amor al universo de los años dorados del Paral·lel, con sus chicas alegres, sus travestis, sus cómicas como La Maña y sus maestros de ceremonia con más o menos plumas.

Pero hay una segunda lectura, menos epidérmica, que descubre a una compañía de teatro que ama su oficio, con o sin lentejuelas, y está dispuesta a compartir sus secretos. Todo aquello de lo que La Cubana carecía en su anterior visita a Madrid –con Mamá, quiero ser famoso, sin chispa y abundante en lugares comunes– lo tiene en esta hilarante mirada a una época y una forma de entender la vida.

Ambas partes son tiernas y divertidas, pero, si el arranque es mero revival kitsch, el tramo final descubre la esencia del mejor teatro cómico de las últimas décadas

Un consejo: tengan paciencia, ésta es en realidad dos obras en una. En la primera, asistimos a una revisión en toda regla de aquellos números de revista que hoy parecen, siendo generosos, algo camp. En la segunda, conoceremos sus tripas, reveladas por los miembros de la ficticia compañía de variedades.

Ambas son tiernas y divertidas, pero, si el arranque es mero revival kitsch, el tramo final descubre la esencia del mejor teatro cómico de las últimas décadas gracias al trabajo de un puñado de artistas que encarnan a sus compañeros de profesión con pasión y un bienvenido histrionismo. No se pierdan este «clásico»: rebosa cariño y buen hacer.


Idea y guion: Jordi Milán. Director: J. Milán. Escenografía: C. Planas. Vestuario: C. López. Música: J. de la Prada. Intérpretes: J. Baucis, X. Tena, M. Huertas, O. Vallès, M. Duró, E. Alejandre, N. Benet, A. González, R. Bueno, J. Bey, J. Milán. Teatro Compac-Gran Vía

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Octubre 2008).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *