Lejos del Eagle

Àlex Serrano, en el montaje / Foto: Pasqual Gorriz
BIRDIE

¿Qué tienen que ver entre sí Los pájaros, de Hitchcock, la ciudad de Melilla, los campos de golf, los vencejos y el Arca de Noé? Aparentemente, nada. Pero Birdie, el nuevo espectáculo de Agrupación Sr. Serrano, compañía de referencia en las artes escénicas contemporáneas españolas, viene a decirnos que sí, que ese totum revolutum de conceptos compone una narración coherente sobre la España y el planeta en el que vivimos, las fronteras y el rechazo al otro. En parte es cierto, pero siguiendo con las analogías golfísticas y ornitológicas de este montaje, el golpe está lejos de lograr un eagle.

Agrupación Sr. Serrano son una formación premiada con el León de Plata por Àlex Rigola cuando éste estaba al frente de la Biennale veneciana de teatro. No sin motivo: su creatividad y su dominio de los nuevos lenguajes escénicos convierte a la compañía catalana en una voz destacada en el panorama de eso que ahora llaman “artes vivas” -yo me resisto a llamarlas así, porque implica que el resto están muertas, en fin-.

Desde luego, el plural en la etiqueta (“artes”) le viene bien: juega con música, proyecciones, teatro de objetos, narrativa, performance… Sus historias se convierten en collages audiovisuales en una pantalla central, sobre la que Àlex Serrano y Pau Palacios proyectan lo que graban en vivo con los útiles y objetos que tienen en escena: dioramas y maquetas, figuras, láminas, efectos visuales… Técnicamente, Birdie supone una continuación en su propuesta, pero también una mejora: los efectos de las luces estroboscópicas con humo en un momento del espectáculo crean una atmósfera embriagadora, una experiencia sensorial.

“Birdie supone una continuación en su propuesta, pero también una mejora: los efectos de las luces estroboscópicas con humo crean una atmósfera embriagadora”

Otra cosa es que esos efectos, como algún que otro recurso empleado, aporte sustancia a la idea central. Birdie nos recuerda que vivimos en un país que tiene una valla de varios kilómetros en su frontera con África, que los que tratan de acceder al “sueño europeo” se ven obligados a saltarla mientras la Policía les frena y que al lado de esa valla se construyó un campo de golf con fondos de la UE destinados a políticas de integración social.

Les venía bien la idea de los pájaros de Hitchcock como expresión de nuestros miedos, con el grito de Tippi Hedren -“¡que vienen, que vienen!”- y las propias declaraciones del director británico en una entrevista. La idea se ajusta al rechazo al otro, el diferente, como reflejo de ese mismo miedo. Pero lo que como guiño o mención hubiera sumado, resulta algo forzado como idea vertebradora. Está cogido con pinzas. La gran migración final de animalitos de plástico hacia el arca de Noé supone una banalización de una idea poderosa. Muchas especies migran, sí, también los vencejos, otra de las claves de esta producción. Y los humanos. Pero, ¿son terrenos equiparables?

La línea por la que caminan es peligrosa, un alambre de equilibrista con la madurez intelectual a un lado y el síndrome de Peter Pan al otro. El teatro de objetos debe exigirse a sí mismo una necesidad, una urgencia: que los objetos respondan, que la historia se sirva de ellos, no que sean llamativos y eso justifique una invasión de la escena.

Birdie, como la mucho más compleja A House in Asia, que se vio en Madrid hace tres años, funciona como espectáculo porque el trabajo de Agrupación Sr. Serrano es impecable en su ritmo y en su técnica. Pero en aquella, no sobraba ni un solo pliegue argumental en la triple capa analítica que proponían sobre la muerte de Bin Laden: la casa real en Pakistán, con las memorias del marine que apretó el gatillo, la casa que se recreó, al dedillo, en EE UU, para preparar la operación, y la visión de ese mismo lugar en la película La noche más oscura.

“Birdie, como la mucho más compleja A House in Asia, funciona como espectáculo porque el trabajo de Agrupación Sr. Serrano es impecable en su ritmo y en su técnica”

La idea que subyacía en A House in Asia -hay que aclarar que la compañía lo fía todo a las conclusiones del espectador, no imparte teoría ni propone tesis- era mucho más interesante que la frágil y demasiado lúdica vinculación entre pájaros, vencejos, emigrantes, golfistas y fotógrafos.

En ese sentido, los momentos más interesantes de Birdie, para quien firma, son el largo análisis de la famosa fotografía de los inmigrantes subsaharianos encaramados a la valla mientras los golfistas los observan al otro lado. Como lección de fotografía es muy completa. Como argumento para defender la tesis del montaje -insisto, no explícita, pero sí bastante clara- desde el acertado ojo que tuvo el periodista José Palazón, funciona sin temblar.

En lo demás, parece que la compañía se hubiera dedicado a mandarle pelotas a las nubes. O a los pájaros. Eso sí, con mucha clase.


Creación: Àlex Serrano, Pau Palacios y Ferran Dordal. Performance: Àlex Serrano, Pau Palacios y David Muñiz. Voz: Simone Milsdochter. Teatros del Canal. Madrid.

Estrellas Volodia
Valora la obra
[Total:0    Promedio:0/5]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *