Festival de Almagro: Volodia viaja al Siglo de Oro

En un lugar de La Mancha…

De acuerdo, pido disculpas por la ‘apropiación cultural’, ahora que se lleva tanto el concepto. La tentación era intensa. Almagro no es un lugar cualquiera. La primera impresión del viajero despistado: un horno de sol, una plaza que es una casita de muñecas a escala, un puñado de calles encaladas, un tarro de berenjenas, queso, vino, duelos y quebrantos.

Pero Almagro es mucho más que todo eso: Almagro es un festival, y el lugar al que año tras año viajan miles de personas, incondicionales de un patrimonio único: nuestro teatro clásico. Para quien no haya venido nunca, una imagen: la plaza concurrida, abarrotada de paisanos, actores, turistas, teatreros, periodistas, farándula y viejos conocidos que año tras año repiten. El paseo, el tapeo, las exposiciones y, ya caída la noche, que antes se hace difícil -aunque nunca faltan cómicos osados en sus calles y plazas-, el teatro.

Acaba de arrancar la 41 edición, con Ignacio García estrenándose como director: desde aquí le deseamos mucha mierda, sin duda traerá un planteamiento fresco -de entrada, los vínculos con Iberoamérica, que este español mexicanizado tan bien conoce- y una mirada culta y creativa que aportará ideas nuevas a la estupenda etapa de Natalia Menéndez, quien reinventó la imagen y el concepto del festival justo cuando la crisis obligó a ajustarse el cinturón a las entidades que lo financian (que son el Ministerio de Cultura, a través del Inaem, la Junta de Castilla-La Mancha, la Diputación de Ciudad Real y el Ayuntamiento).

En el Corral de Comedias, ese túnel del tiempo sin igual en Europa, se entregó el principal premio del festival a Carlos Hipólito. Bien celebrada su trayectoria, justo, merecido homenaje a un actor enorme y querido. No siempre ocurre con los actores que conciten ese respeto y cariño unánimes. Lo dijeron Carmen Conesa y Julio Bravo, que hablaron -la actriz cantó además, Sondheim, cómo no- y leyeron la laudatio, respectivamente (además de un divertido Arturo Querejeta, que glosó su larga amistad con el homenajeado). Y es que Carlos ‘Carlitos’ Hipólito es muy popular por Cuéntame, pero antes piso muchas tablas. Y muchas de ellas clásicas: El misántropo, El médico de su honra, El burlador de Sevilla…

José Guirao y Carlos Hipólito, Festival de Almagro
El ministro de Cultura, José Guirao, con Hipólito en el Corral de Comedias

Y de burlador a burlador: después del premio a Hipólito, en el Hospital de San Juan aterrizó la Compañía Nacional de Teatro Clásico con la reciente producción del texto de Tirso de Molina que han firmado Borja Ortiz de Gondra (versión) y Josep Maria Mestres (dirección) y que antes había pasado por Madrid. En Volodia ya publicamos sobre este estreno, nada nuevo que añadir.

Del resto del festival, un par de apuntes: este año tiene a Colombia como país invitado e Ignacio García ha apostado por el teatro escrito en español de uno y otro lado del Atlántico por encima de los títulos ingleses o franceses, tan abundantes en alguna que otra edición (los hay también en ésta, aunque en menor medida).

Unas cuantas imágenes valen más que mil palabras. En la galería que abre este artículo, una pequeña muestra de lo que puede ya verse y lo que vendrá en estas tres semanas largas de teatro clásico.

Disfruten. Como reza el verso que sirve de lema a esta 41º edición, soñemos, alma, soñemos otra vez.

¿Quién no querría bailar?

Natalia Millán y Pau Gimeno, como Billy, en el musical
BILLY ELLIOT

Pocas veces sale uno de un teatro con el ánimo tan conmovido. Billy Elliot lo tiene prácticamente todo. Y lo que no tiene, lo suple con todo lo demás. Es sin duda el gran estreno musical de la temporada. Sus mejores armas no son fáciles de emular: una producción deslumbrante, una historia de partida magistral -y muy bien adaptada- y un reparto impecable en el que llama la atención el fabuloso trabajo, y no siempre es fácil, de sus jóvenes actores. Continuar leyendo “¿Quién no querría bailar?”

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