La Zaranda toca fondo

"Ahora todo es noche", de La Zaranda
Sánchez, Bustos y Campuzano, en la obra/ Foto: Gerardo Sanz
AHORA TODO ES NOCHE

Corona estable del teatro postdramático poético-arrabalero,  La Zaranda, compañía convertida ya en “Teatro Inestable de Ninguna Parte” -el apéndice “de Andalucía la Baja” se quedó por el camino, autoexiliados de su tierra-, parece querer acercarse a sus retratados en una nueva incursión en la miseria cotidiana, que en esta ocasión es pecuniaria también. Son tres parias que no vienen de ningún lugar ni van a ningún sitio. Tres sin techo, tres tirados que han ido a naufragar en un aeropuerto. Y con ellos, tocando fondo en una alegoría -otra más- de la tristeza y la desesperación, los jerezanos tocan techo. ¿Dije suelo o techo? En esta ocasión la distancia que separa a uno de otro cabe en un titular, en una obra de Shakespeare, en una hora y media de teatro grande .

Claro que el teatro de La Zaranda no es para todo el mundo, porque no se ajusta al canon realista. En uno de los más divertidos momentos de Ahora todo es noche -los tiene y muchos, el público no para de reír-, uno de los vagabundos empieza a sacar corbatas anudadas de entre su ropa, y con cada una el trío va entonando un miserere de estilos que pronto el espectador entiende tienen poco que ver con las corbatas. Son todas las cosas que se han dicho de la compañía: presurrealistas, barrocos, postbarrocos, pre-expresionistas, postdramáticos, aburridos, apagados, sin contenido, ininteligibles…

La mayor parte de las etiquetas, por no decir todas, yerran y algunas son falsas directamente. Contenido lo tienen, inteligibles, lo son, más claros que el agua. Si algo hace la prosa de ese poeta insobornable de los escenarios que es Eusebio Calonge es llamar al pan, pan. Pero a su manera. Unos diálogos que al comienzo parecen beber del Beckett más experimental y luego se van centrando en ser Zaranda y sólo Zaranda, porque su forma de entender el teatro es ya un estilo en sí misma.

“¿Dije suelo o techo? En esta ocasión la distancia que separa a uno de otro cabe en un titular, en un verso de Shakespeare, en una hora y media de teatro grande”

Con una camilla de hospital, dos carros de supermercado desvencijados y unas maletas como escenografía, Francisco Sánchez -Paco de la Zaranda para entendernos- y su troupe de resistentes bajan a las cloacas de la sociedad. En las últimas dos décadas han visitado la locura, la enfermedad, la falta de futuro de su profesión de cómicos, la vejez y la muerte, el abuso laboral, y ahora hablan del abandono, los despojos, los desechos. Aunque en el fondo, en todos y cada uno de esos retratos deformados hablan del mundo, de España, del teatro, de la gente… De nuestro reverso patético.

Los tres sujetos de este título son sombras en un país de ratas, espectros vivientes que insisten en pronunciar la palabra “dignidad” cuando hasta eso han perdido: “Me ha mordido la pobreza, la envidia, la burocracia. Me han mordido los que confundieron el valor con el precio, los que traicionaron la fe con el éxito. ¡De todas formas han intentado aniquilarnos!”, exclama uno de los sintecho. “De tanto esperar un mañana, me quedé sin futuro”, profiere otro, empeñado en que lo suyo es pasajero. Pero lo único que pasa demasiado rápido son este tipo de espectáculos, que debieran ser teatro estable, de dónde sea pero estable.

Hiperbólicos, exagerados, postexpresionistas acaso, como una de las corbatas que enumeran -aunque ya me da un no sé qué ponerles etiquetas-, Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos son actores atípicos, bufos y ácratas. Exageran, arrastran sus cuerpos y sus dicciones y juegan a la repetición en carne y texto. Es su forma de ganar batallas. Porque a la larga, la suya, después de cuatro décadas, es una victoria.

“Los tres sujetos de este título son sombras en un país de ratas que insisten en pronunciar la palabra “dignidad” cuando hasta eso han perdido”

Sus personajes ganan otra, la de la imaginación. Teatro dentro del teatro, homenaje a su patria chica -los escenarios-, el tramo final de la obra se convierte en un tributo a El Rey Lear. Las batallas de los desgraciados son humildes: “Reinaremos sobre nuestros piojos. Reinaremos sobre nuestra hambre y sobre nuestro frío”, dicen, mientras coronan a Sánchez rey de las alcantarillas. Ahora ya todo es noche. O todo es nada. Claman, como siempre, sus criaturas, desesperadas, pero yo creo que el hecho de que esta obra, tan suya, tan Zaranda, arranque bravos y ponga al público en pie en el Teatro Español (y no era noche de estreno, que ya sabemos que eso tiene mucho de puesta en escena también) es en sí un acto de justicia poética. ¡Larga vida a La Zaranda!


Autor: Eusebio Calonge. Dirección: Paco de La Zaranda. Intérpretes: Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano, Enrique Bustos. Espacio escénico: Paco de La Zaranda. Iluminación: Eusebio Calonge. Teatro Español. Madrid.

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