Caballos salvajes

CABEZAS DE CARTEL

En Vidas rebeldes, la última película de Marilyn Monroe y Clark Gable -ambos murieron al acabar el complejo rodaje-, sus personajes buscaban sin fortuna un lugar en un mundo que los atormentaba. La genial película de John Houston y Arthur Miller (el Nobel firmó el guion) se titulaba originalmente The Misfits, que sería en español algo así como “Los inadaptados”. El título jugaba con el lenguaje, porque así llamaban también coloquialmente, al menos los personajes del filme, a los mustang, una raza de caballos salvajes que hilaban la trama de aquella historia de cowboys contemporáneos. Me vino a la cabeza esa imagen, la de los caballos y los inadaptados, viendo la redonda y sorprendente propuesta de Perigallo Teatro: Cabezas de cartel. Un buen amigo me recomendó encarecidamente que no dejara de ver esta obra (gracias, Manu). La compañía no es de las que exhiben grandes nombres -a esas les dedican más de un guiño-, sino más bien de las que, pese a su veteranía, no se encuentran entre el estrellato nacional y van paseando sus producciones por pequeñas salas. Reconozco que no había visto nada de Perigallo hasta el momento. Bien por el Teatro Lagrada por acogerles, en esta y otras ocasiones anteriores. Un consejo: no dejen de ir a ver este montaje imprescindible,  tienen tan solo hasta el 12 de septiembre.

‘Cabezas de cartel’ abraza el metateatro, el teatro dentro del teatro y la reflexión sobre la profesión, el oficio y el mercado de los escenarios hoy en España

Cabezas de cartel juega también con una iconografía equina: la obra abraza el metateatro, el teatro dentro del teatro y la reflexión sobre la profesión, el oficio y el mercado de los escenarios hoy en España, y el montaje que preparan los integrantes de la compañía protagonista se titula Cimarrón. El dúo de actores/autores/directores ficticios, Urogallo Teatro, que son también los de Perigallo, la compañía real -la autoficción, tan de moda, no podía faltar-, pondrá sobre sus cabezas máscaras de caballos. Es solo uno de los diversos recados que dejan para un mundillo en el que parece que la modernidad no se acredita si no es poniendo a los actores a recitar frente a un micrófono o se los disfraza oníricamente.

Pero allí donde otros autores y compañías parecen repetir cánones, en el montaje de Perigallo  se ve una fina autocrítica, una ironía cautivadora y una amargura resignada sobre las penurias de un oficio, el de las gentes del teatro, en el que muchos malviven o van tirando como pueden. El mundo de las ferias teatrales, los servilismos y dependencias ante los grandes productores, la dinámica de los estrenos, los bolos y los encargos, los malabares para cuadrar cuentas y lograr el equilibrio entre el arte y la subsistencia, tienen su reflejo en un texto de prosa impecable y ritmo exacto.

¿Es legítimo aspirar a que el teatro te dé de comer, rebajando en el camino las expectativas, o eso es venderse y tracionarse a uno mismo? No busquen aquí respuestas: vayan a ver este montaje, teatro grande por todos los poros

Este último tema, al cabo, el fin último del teatro, sobrevuela toda la pieza: ¿debe el artista poner su creación por encima de todo, incluso cuando ello le perjudica o puede cerrarle puertas? ¿es legítimo aspirar a que el teatro te dé de comer, rebajando en el camino las expectativas, o eso es venderse y tracionarse a uno mismo? No busquen aquí respuestas: vayan a ver este montaje, teatro grande por todos los poros en envoltorio pequeño e ingenioso.

Celia Nadal y Javier Manzanera están rotundos, rezuman ingenio y autenticidad en escena, y la dirección de Luis Felpeto tiene momentos de brillo y altura, escenas memorables con juegos de luces y espejos, momentos fuera de campo con sombras, juguetes escénicos y… sí, micrófonos y cabezas de caballo. Caballos salvajes. Cimarrones que habría que ver correr más a menudo por nuestros prados y dehesas teatrales.  


Autores: Celia Nadal y Javier Manzanera. Dirección: Luis Felpeto. Intérpretes: Celia Nadal y Javier Manzanera. Teatro Lagrada. Madrid.

Estrellas Volodia

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