Dignidad ciudadana

DIGNIDAD

En el clima actual, la reivindicación desde las artes de la honradez y el servicio público como requisito y meta, respectivamente, de la política es casi una obligación. El texto del actor y dramaturgo Ignasi Vidal –tiene en cartel también El plan–es buen teatro político, sin por ello caer en lo ideológico. Al menos de forma evidente. Porque, según avanza la trama, es inevitable pensar en la filiación de Vidal a UpyD y leer en este drama un correctivo a Ciudadanos y a Albert Rivera. El autor lo niega. Que el público decida.
En Dignidad, título que esconde una interpretación culta del término y un giro sorpresa –y hasta aquí puedo leer–, Vidal encierra en una habitación a dos hombres que han sido amigos: un candidato idealista de una formación con opciones de llegar al poder y el responsable de organización del mismo partido. Uno es la luz, la sonrisa y las ideas de cambio. El otro también lo era, pero ha sucumbido a la tentación de las cloacas.

Vidal encierra en una habitación a dos hombres que han sido amigos: un candidato idealista de una formación con opciones de llegar al poder y el responsable de organización del mismo partido

La obra habla, y muy bien, de lo que está pasando en España; se plantea si la honradez es posible y debate sobre la lealtad -¿a las ideas o al hombre?- y la eterna cuestión de los medios y el fin. Daniel Muriel e Ignasi Vidal, el líder y el político descarriado, respectivamente, están tremendos, con entrega, talento y energía. Al final, y pese a su excesiva brevedad y lo que pueda tener de propaganda electoral (sutil, eso sí), con obras como ésta no sé si gana uno u otro partido, pero sin duda lo hace la ciudadanía.


Autor: Ignasi Vidal. Dirección: Juan José Afonso. Intérpretes: Daniel Muriel, Ignasi Vidal. Teatros del Canal. Madrid. Mayo 2015.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Mayo 2015).

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