Magistral maratón Lepage

LIPSYNCH

Algún que otro espectador de Lipsynch, el maratoniano espectáculo de Robert Lepage, recordaba dos montajes históricos: el Mahabharata, de Peter Brook, y La Trilogía de los Dragones del propAñadir imagenio Lepage. Y no por cercanía estética, sino por su duración. El canadiense se alarga hasta las ocho horas y media, casi nueve, de función (dos de ellas se reparten entre varios descansos). Se dice pronto. Y se ve pronto: en un suspiro se pasa esta jornada con tartera (más de uno se llevaba la merienda) que sólo un grande puede permitirse. Comparar es injusto: Lipsynch es un prodigio de ingenio por sí solo que reúne todos los lenguajes, obsesiones y universos de Robert Lepage.

La perfección es imposible en una obra totémica que es tantas a la vez. Es lógico que en Lipsynch haya picos y valles; quien firma eliminaría una grotesca escena de un entierro en Canarias, que roza lo folclórico, y limaría una hora y media de aquí y allá. Pero, baches aparte, Lepage desenfunda su arsenal de recursos e inteligencia. Los 50 primeros minutos son sencillamente inolvidables: el arranque, al ritmo de la “Tercera” de Górecki, merece estar en cualquier antología.

Los 50 primeros minutos son sencillamente inolvidables: el arranque, al ritmo de la “Tercera” de Górecki, merece estar en cualquier antología

El mensaje del director se mueve en dos niveles. El primero, es narrativo, con algo de “culebrón”: la historia de una búsqueda de identidad. Un joven cuya madre muere en un avión, una soprano que lo adopta, un médico que se enamora de ella, una paciente con un tumor, una prostituta que sufrió abusos… Lepage va cerrando el círculo a través de éstas y otras historias para llegar a la última, titulada Verdad, un viaje inverso a las raíces de una vida.

Pero hay una segunda lectura, profunda, más interesante, que reflexiona sobre la importancia de la voz. Lepage explora cuestiones como el “playback”, la afasia, el doblaje cinematográfico, la logopedia… El sonido cobra protagonismo en esta vibrante e ingeniosa exploración en la que el Peter Pan canadiense sigue enseñando y sorprendiendo con sus escenarios móviles, sus proyecciones de textos, sus personajes que aparecen y desaparecen… Un reparto internacional de primera (Lepage no es sólo un loco de los juegos tecnológicos: elige y dirige como pocos a sus actores) hace creíble cada pieza de este maratón que vence a la pereza y redescubre a un genio contemporáneo.


Texto e interpretación: F. Bédard, C. Belda, R. Blankenship, L. Castonguay, J. Cobb, N. García, M. Gignac, S. Kemp, R. Miller, H. Piesbergen. Texto y dirección: R. Lepage. Escenografía: J. Hazel. Diseño de iluminación: É. Boucher. Diseño de sonido: J-S. Côte. Compañía Ex-Machina/ Théâtre Sans Frontières. Festival de Otoño. Teatro de Madrid. Madrid, 2-XI-2008. 
 

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Noviembre 2008).

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