En torno a la gran pregunta

LA SESIÓN FINAL DE FREUD

Al cabo, toda filosofía examina la cuestión de Dios. ¿Existe o no? De Aquino a Kant, de Spinoza a Heidegger, de Nietzsche a Küng, el pensamiento occidental ha abordado la pregunta sin respuesta. La sesión final de Freud es un duelo muy interesante de inteligencias antagónicas apoyado en un encuentro hipotético en septiembre de 1939 entre Sigmund Freud, ateo convencido, y C. S. Lewis, ex ateo converso. Un padre del psicoanálisis moribundo y anciano encarnado por un enorme Helio Pedregal, que parece transmutado en el doctor con un derroche de talento, y un escritor –el de Las crónicas de Narnia– al que da vida con entusiasmo y un punto de candidez Eleazar Ortiz. Bien por ambos, aunque el Freud de Pedregal hace sombra al Lewis de Ortiz. A Mark St. Germain le interesan los motivos de cada uno. No es una obra sobre la existencia de Dios, sino sobre qué lleva a los hombres a creer en ella o a negarla. Un texto que no toma partido y deja argumentar a cada uno, algo que no hacía Encuentro de Descartes con Pascal joven. Teatro de ideas y de choque intelectual, la obra no se olvida del ritmo ni de la agilidad en su desarrollo: no es filosofía, sino duelo de personajes, pero en él afloran cuestiones de calado.

Teatro de ideas y de choque intelectual, la obra no se olvida del ritmo ni de la agilidad en su desarrollo: no es filosofía, sino duelo de personajes, pero en él afloran cuestiones de calado

Bien versionada por Ignacio García May, que mantiene el lenguaje culto, si bien accesible, esta producción de UNIR teatro no se hace estática, por más que todo transcurra en el despacho del viejo doctor, a lo que ayuda el juego ideado por la directora Tamzin Townsend y la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, que permiten ver la estancia en dos planos gracias a una transparencia. Townsend derrocha oficio y ritmo, y sólo cabría objetar lo conservador de su apuesta estética, diván, escritorio y estantería incluidos.


Autor: Mark St. Germain. Versión: Ignacio García May. Directora: Tamzin Townsend. Intérpretes: Helio Pedregal, Eleazar Ortiz. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Iluminación: Pedro Yagüe. Teatro Español (Sala Pequeña). Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Enero 2015).

Estrellas Volodia

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