Lorca en la noche eterna

UNA NOCHE SIN LUNA

Solo en escena, en el imponente escenario de un teatro como el Español, un hombre se convierte en otro. Esto sucede a diario en todo el mundo, pero no siempre ni en cualquier montaje. No todos los actores llegan a transformarse de verdad. A ser otro. No hablo de acentos, giros, locuciones o coletillas, tampoco de caracterización o peluquería, aunque estas tengan su importancia en el teatro. Si hay un camino que aleja al actor de la verdad es el empeño del imitador, el “impersonator” como lo llaman los anglosajones. Nada que ver: hablo de aprehender una esencia. De transmitir una dulzura o una ira, de manejar los tiempos y los silencios para emocionar, de hacernos sentir que, pese a las diferencias en el rostro o en la voz, hemos viajado en el tiempo y estrechado la mano de alguien gracias a la ficción de las tablas. Esto sucede cada noche, cada noche sin luna, cuando Juan Diego Botto, perdón Federico García Lorca, nos habla desde el escenario en el nuevo montaje de Sergio Peris Mencheta, un genial retrato de la vida y la muerte del poeta de Fuentevaqueros. Uno de esos espectáculos que se quedan grabados en la memoria y que conviene no dejar escapar.

¿Se puede condenar su brutal asesinato y a la vez no compartir sus ideas, su simpatía por el comunismo? Yo creo que sí, aunque haya mucho empeño en esta España de hoy en llevar las cosas a los extremos

Probablemente García Lorca sea, junto a Valle-Inclán, la figura más importante del teatro en España del último siglo y medio. Lo sé, lo sé: Benavente, Galdós, Echegaray, Buero Vallejo, Alberti, Sastre, Mihura, Jardiel Poncela, Fernán Gómez o, sin irnos tan lejos, Sinisterra, Mayorga… Las afirmaciones categóricas son arriesgadas. En el caso de García Lorca, o Lorca a secas (¿qué otro Lorca puede haber?), a su aportación a la escena –Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba bastarían, pero ahí están además Así que pasen cinco años, El público, Doña Rosita la soltera, Yerma…- se añade su figura poliédrica como poeta, artista plástico y miembro destacado de una generación única. No menos importante es la huella que dejó su empeño en acercar el teatro a la gente de su época.

Pero en Lorca se da otro elemento: su dimensión trágica. Su asesinato en 1936 en el arranque de la cruenta Guerra Civil lo convierte en un mártir republicano y en un símbolo para diferentes causas. También hace de su figura un tótem incómodo. ¿Cómo ser de derechas y defender su legado? ¿Se puede disfrutar de la poesía, el teatro de Lorca si se es monárquico o conservador? Es más, ¿se puede condenar su brutal asesinato y a la vez no compartir sus ideas, su simpatía por el comunismo?  

Yo creo que sí, aunque haya mucho empeño en esta España de hoy en llevar las cosas a los extremos. Quizá el único momento en que flaquea Una noche sin luna, un espectáculo redondo pese a ello, marcado por la magia de los mejores momentos de Peris-Mencheta, es cuando trata de convertirse -de forma brevísima- en miting político para condenar a una parte del electorado actual.

Un gran homenaje a Lorca, en un montaje creativo y sorprendente -siempre lo es que un monólogo llene así el escenario- hecho carne por un Botto en el que es uno de los grandes papeles de su carrera

Pero, salvo el innecesario y momentáneo extravío de una obra que hasta ese momento caminaba acertadamente por el teatro político sin ser teatro ideológico, y que es aplaudido lógicamente por la otra parte del electorado desde el patio de butacas, Una noche sin luna es un prodigio textual y escénico.

La noche sin luna es, claro, la de la muerte de Lorca. Una noche infame. La pieza no es un biopic sino un acercamiento poético a un hombre que estuvo lleno de vida y de esperanzas. También a un intelectual de fuertes convicciones políticas. Un hermoso texto que camina por la personalidad del poeta suavemente, meciendo al espectador con sus ideas y palabras y jugando, jugando como solo los niños saben hacer, con un escenario enorme en el que Botto, Peris y Lorca se funden en escena entre maletas y tablones. Un gran homenaje a Lorca, en un montaje creativo y sorprendente -siempre lo es que un monólogo llene así el escenario de un gran teatro- hecho carne por un Botto en el que sin duda es uno de los grandes papeles de su carrera.


Autor: Sergio Peris-Mencheta. Dirección: Sergio Peris-Mencheta. Intérpretes: Juan Diego Botto. Música original: Alejandro Pelayo, con aportación de Rozalén. Escenografía: Sergio Peris-Mencheta. Teatro Español. Madrid.

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