La belleza de un bosque en movimiento

MACBETH

Resulta complejo escribir sobre un espectáculo “heredado”. ¿Cuánto hay en este Macbeth de Gerardo Vera y cuánto de Alfredo Sanzol? El gran escenógrafo y director, que llevó las riendas del Centro Dramático Nacional durante ocho años, antes de Ernesto Caballero, a quien a su vez sucedió Sanzol, falleció el pasado septiembre a causa de la maldita pandemia de Covid-19. Sanzol ha completado una puesta en escena de la gran tragedia de Shakespeare ideada por Vera, aunque lógicamente el resultado final es una mezcla de los sellos de ambos. Continuar leyendo “La belleza de un bosque en movimiento”

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Mil y una noches más

LOS CUENTOS DE LA PESTE

Máscaras fuera: desengañémonos, por más que pudiéramos estar ante una obra prometedora por muchos motivos, la expectación ante Los cuentos de la peste estaba servida desde que Mario Vargas Llosa decidió subirse a un escenario por cuarta vez, la primera para hacer teatro con todas sus letras –en las anteriores había en él aún algo de narrador que no da el paso de vivir la escena como un cambio de piel–. Tenía y no tenía razón Joan Ollé, el director fetiche del novelista y dramaturgo, cuando dijo que Vargas Llosa no ganará un Max. Pero no por gremialismo. Continuar leyendo “Mil y una noches más”

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El imperio de Portillo

LA VIDA ES SUEÑO

Los grandes textos a menudo hacen grandes a los montajes, pero el camino es de ida y vuelta y también un gran montaje puede realzar a un clásico, situándolo en el lugar que merece ocupar y erigiéndose como un pedestal de carne e ideas para sus versos. Que Helena Pimenta haya elegido La vida es sueño como su primer estreno al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico era hasta ayer una declaración de intenciones arriesgada, pues un corolario al principio expuesto al comienzo es que los grandes textos conducen también a las mayores caídas. Continuar leyendo “El imperio de Portillo”

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Don Juan, ese perdedor

EL BURLADOR DE SEVILLA. O EL CONVIDADO DE PIEDRA

Revisada mil y una veces, la figura de Don Juan viaja del desdén hacia el peligro en Tirso de Molina -ese repetido «¡qué largo me lo fiáis» con el que se mofa del castigo que le espera a la muerte por sus fechorías de alcoba y de sangre- al romanticismo redento de Zorrilla. Lo que uno no había visto aún es un Don Juan desmitificado hasta la cojera. ¿Quién da más? Dudo que Gregorio Marañón, autor de un conocido estudio sobre la figura del conquistador, estuviera de acuerdo con la interpretación que de nuestro mito hace el director norteamericano Dan Jemmett: a Don Juan se le puede despreciar -era el caso de Marañón-, considerarle una malformación del hombre maduro, pero no dudar de su poderío. Continuar leyendo “Don Juan, ese perdedor”

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