Teatro al cubo en Almagro

LA TEMPESTAD

Como en toda buena fiesta popular, el Festival de Almagro reservó para su último fin de semana la traca final. El viernes, el Corral ofreció la poesía en pequeño formato de unos ya mediofondistas Chapitô –quince años llevan en la carretera–, compañía portuguesa de prestigio, con La tempestad como juguete. La noche permitió la posibilidad de la analogía con el doble programa del Corral de Comedias. A las 20:30 h, antes de los lusos, actuaron los autóctonos Nurosfera, con Canterbury.

Ambas compañías comparten puntos de partida y no pueden ser más diferentes. Se presentaban con esencias de autores ingleses, Chaucer y Shakespeare, deconstruidos respectivamente en espectáculos de creación propia. Las dos, además, propusieron un trío con dos actores y una actriz, una formación de brevería que les obliga a exprimirse para que surja el torrente de la imaginación.

“Cerrado el capítulo de hermandades, la noche dejó sabores diferentes. Canterbury, quede claro, es un dignísimo montaje a cargo de unos cómicos de raza. Pero acaso el Corral no sea su lugar”

Cerrado el capítulo de hermandades, la noche dejó sabores diferentes. Canterbury, quede claro, es un dignísimo montaje a cargo de unos cómicos de raza. Pero acaso el Corral no sea su lugar. La propuesta, teatro bufo, popular y canalla, con guiños a la tradición del títere de cachiporra, arrancó risas al respetable, pero la comicidad no levantó vuelo hasta que el trío abordó un redondo cuento de infidelidades medieval con teatrillo incluido.

Los cambios de personaje de Ferrán Farré, Núria Casado y Toni Vílchez, su buscada sobreactuación y una puesta en escena apoyada en onomatopeyas y ruidos pregrabados configuran un espectáculo cuyo espacio natural es la plaza o la calleja, lugares donde buscar la sonrisa del niño.

“Muy distinto es el caso de La tempestad. Otro trío, en efecto, pero teatro mayúsculo y poético, pequeño gran teatro. Chapitô se sirven de Shakespeare como armazón para un alarde de ingenio”

Muy distinto es el caso de La tempestad. Otro trío, en efecto, pero teatro mayúsculo y poético, pequeño gran teatro. Nacidos como compañía en 1996, estos lisboetas se sirven de Shakespeare como armazón para un alarde de ingenio. Acierto enorme es viajar al pasado para contarnos el divertido nacimiento de la princesa Miranda, el amor por la magia de su padre, Próspero, y la traición de Antonio. Desterrados a la isla, conocen a la criatura Caliban, y, luego, ya conocen la historia, liberan al espíritu Ariel, etcétera.

¿Y Shakespeare? Aquí y allá, en esencia, que no en texto, y apenas se le echa en falta, porque Chapitô regala hora y media de teatro gestual y lirismo, de delicados juegos con tan sólo una omnipresente tela negra. Jorge Cruz, Tiago Viegas y Marta Cerqueira beben de la danza contemporánea con cuerpos que se arrastran y brincan, y del teatro de objetos, sin olvidar que la voz existe cuando, en español, reinventan a Shakespeare.

Hay teatro al cubo en este trío. Veremos si los no tres sino 30 integrantes del «Quijote» chino que cierra el certamen mantienen igual de alto el listón.


Canterbury. Autor:  G. de Chaucer. Dirección: F. Farré. Intérpretes: F. Farré, Núria Casado, Toni Vílchez. / La tempestad. Creación colectiva de Chapitô, a partir de la obra de Shakespeare. Dirección: John Mowat. Reparto: Jorge Cruz, Tiago Viegas y Marta Cerqueira. Corral de Comedias. Festival de Almagro.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Julio 2011).

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