Cuñados barrocos y mujeres libres

Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz. JCNTC.
David Soto Giganto y Kev de la Rosa, en la obra / Foto: marcosGpunto
LOS EMPEÑOS DE UNA CASA

Días de la Mujer, huelgas de género, galas de los Oscar y campañas mundiales al margen, cualquier tarde debería ser buena para ver una función como Los empeños de una casa, o para sentarse a leer y descubrir el bello verso y la fascinante figura de la mexicana (novohispana en realidad) Sor Juana Inés de la Cruz. Si encima coincide con la fecha, miel sobre hojuelas. Y si la propuesta es tan lúdica y bien construida como la de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, el disfrute se suma a la satisfacción. Un acierto el de la CNTC haber programado este texto y a esta autora del XVII, tan celebrada -quizá sea la más conocida de las dramaturgas de su siglo- como escasamente representada en España.

Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), hija ilegítima, con lo que ese estatus implicaba para una mujer en aquel tiempo, tuvo una inteligencia y una sensibilidad desbordantes. O bien no le interesaban los asuntos de amores o bien le llamaban los que le estaban prohibidos -se ha especulado mucho sobre su sexualidad-, lo cierto es que se ordenó monja para evitar el matrimonio. Dedicó así su vida a lo espiritual y a lo literario, con no pocos encontronazos con sus superiores por su cuestionamiento del orden establecido (no explícito, pero sí implícito con su defensa de la educación de la mujer) y su interés por lo prosaico.

Hoy se la considera una pionera del feminismo. Pero cuesta imaginar lo que debió de suponer en el México del XVII una figura tan libre e incómoda para la jerarquía de la Iglesia como la monja, que llegó a ser célebre por sus escritos en vida, protegida de los virreyes y por tanto difícil de manejar. En realidad, sólo escribió dos comedias, pero fue una poeta destacada y autora de canciones, autos sacramentales…

“Sor Juana Inés de la Cruz, hija ilegítima, con lo que ese estatus implicaba para una mujer en aquel tiempo, tuvo una inteligencia y una sensibilidad desbordantes”

Los empeños de una casa es una comedia de enredos amorosos en la que pueden verse claramente algunas de esas claves: Doña Ana, que trata de evitar a Don Juan, llegará a ser cómplice de un cuasi-secuestro, el de Doña Leonor, para atraer a su amado, Don Carlos. La retenida, por su lado, hará lo posible por seguir con Don Carlos, pese a que parece obligada familiarmente a casarse con Don Juan.

Aunque lo reivindicativo se difumina con el obligado final del enredo, que empareja a todos de la forma más correcta posible -sería pedirle peras al olmo, y las cifras no cuadraban, dos mujeres detrás del mismo hombre, una de ellas tenía que avenirse al galán impuesto-, la intención y el tono de estos empeños son claros. En la escena más divertida, la autora traviste a un criado y engaña al enamorado Don Pedro, que queda convertido en bobo escaldado, teniendo que dejar, por pundonor, la puerta abierta a Doña Leonor.

Doña Ana y Doña Leonor desobedecerán a sus familiares masculinos, Don Juan y Don Rodrigo, hermano y padre respectivamente, convertido el último hábilmente en esta producción en hermano también, supongo que una cuestión de edades. Así, el dramaturgo andaluz Antonio Álamo, autor de la ágil e inteligente versión, arregla problemas de reparto sin alterar el espíritu de la época (también a los hermanos debían rendir cuentas muchas damas). Todo suma al propósito: los hombres, cuñados. Ya me entienden. Las mujeres, espíritus libres que pelean por su amor. Celebra bien el Clásico con Sor Juana Inés de la Cruz el día histórico que se vive en España y en otros muchos países.

Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz. JCNTC
Georgina Yebra y Miguel Ángel Amor, en otra escena

Si alguna objeción se le puede poner al texto de Sor Juana Inés de la Cruz es su enrevesado primer acto, que para el oído del siglo XXI -y quizá para el del XVII, quién sabe- es un ovillo endiabladamente lioso de nombres, hermanos, damas, galanes, propósitos y motivos, y que la versión de Álamo no logra limpiar. Pepa Gamboa y Yayo Cáceres lo solucionan de forma brillante con la escena de Doña Ana explicándole a su criada Celia el asunto valiéndose de eso precisamente: ovillos de lana de diferentes colores.

Los co-directores imaginan un espacio a dos bandas, flanqueado por grandes puertas acristaladas que permiten juegos muy interesantes de iluminación y la sensación laberíntica de entradas y salidas: el espacio de la pequeña sala Tirso de Molina se convierte así en los muchos recodos y rincones del hogar blasonado. Conviene recordar otra de las particularidades del texto: todo sucede, de ahí el título, en un único lugar, el hogar de Doña Ana y su hermano, Don Pedro.

“Tono, ritmo y trabajo actoral impecables: esta promoción de la Joven CNTC está a la altura de las anteriores, con un nivel muy alto. Hay presente y futuro para los clásicos”

Junto a las puertas, cortinajes y enormes cuadros barrocos de mujeres rubensianas. Se respira sensualidad y libre albedrío, además de una hermosa mexicanidad, reforzada por canciones que recogen el folclore del país.

Tono, ritmo y trabajo actoral impecables: esta promoción de la Joven CNTC está a la altura de las anteriores, con un nivel muy alto. Hay presente y futuro para los clásicos. Se llama Kev de la Rosa, cómico y rotundo como el respondón primero, travestido después, Castaño. O Georgina de Yebra, con un carácter escénico arrollador, una Doña Ana llena de matices y colores. Se llama también David Soto Giganto y Pablo Béjar, galanes en las producciones de la JCNTC, con un claro dominio del papel; Silvana Navas, de nuevo criada imbuida de salero y comicidad; Cristina Arias, que sorprende con una Leonor delicada y femenina, alejada de la dama-choni de su clásico anterior, dejando claro que hay creación actoral; o en fin, Marçal Bayona, Daniel Alonso de Santos, Miguel Ángel Amor y José Fernández, que redondean el reparto. El verso, dicho con soltura, claridad y conocimiento, y el trabajo corporal y espacial en su sitio, sin excesos, con habilidad.

Hace ya tiempo que es costumbre gozar con la Joven CNTC y no pensar en ella, mientras se disfruta, como una formación de chavales, sino de profesionales como una casa. Hay que ponerle mucho empeño para decir algo nuevo y original. Vayan a verlos.


Autora: Sor Juana Inés de la Cruz. Versión: Antonio Álamo. Dirección: Pepa Gamboa y Yayo Cáceres. Intérpretes: Daniel Alonso de Santos, Marçal Bayona, Georgina de Yebra, Silvana Navas, José Fernández, Cristina Arias, David Soto Giganto, Kev de la Rosa, Miguel Ángel Amor, Pablo Béjar. Teatro de la Comedia (Sala Tirso de Molina). Madrid.

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