Despedida y lección magistral

"Elvira", de Toni Servillo
Toni Servillo y Petra Valentini, en la obra / Foto: Fabio Espósito
ELVIRA

Decimos en Madrid adiós al Festival de Otoño a Primavera, que en su próxima edición pasa de nuevo a su esencia original, concentrado en formato festival en vez de programación todo el año (se llamará de nuevo Festival de Otoño, a secas, y será en noviembre). Este “hasta luego” ha venido con un broche de excepción: Elvira. Qué placer disfrutar y aprender con esta lección magistral de dos grandes de la escena, Louis Jouvet y Toni Servillo. Porque eso es este texto: una lección real de un maestro, Jouvet, a sus actores, y en especial a su primera actriz, un viaje teatral encapsulado sin salir de una sala de ensayos. Sería injusto recordar que hace unos quince años un ya maduro -pero no ya joven- Josep Maria Flotats abordó este mismo texto en Madrid con un montaje redondo, París, 1940, una hermosa actuación y un éxito enorme. Flotats optó por un título más cercano al del texto original de Brigitte Jaques, Elvire-Jouvet 40. Servillo lo ha cambiado al nombre de la protagonista del Don Juan de Molière, ya que todo gira en torno a un monólogo que se le atraganta a Claudia, la actriz del Conservatorio de Teatro donde imparte clases Jouvet.

“Una y otra vez, Jouvet regresa a su obsesión con sabias palabras, con idas y vueltas peripatéticas sobre la misma idea: el sentimiento, el sentimiento… ¡El sentimiento!”

La obra reproduce varios momentos de los ensayos del Don Juan en el París que está a punto de ser ocupado por los nazis. Hoy en día, a Jouvet se le reconoce como una de las figuras más influyentes y renovadoras del teatro francés: actor y director inquieto, desarrolló una teoría teatral en la que primaban el trabajo del intérprete. Y eso es lo que transmite en esta master class hecha teatro. Una y otra vez, el maestro regresa a su obsesión con sabias palabras, con idas y vueltas peripatéticas sobre la misma idea: el sentimiento, el sentimiento… ¡El sentimiento!

Ahí está el arrecife en el que encalla Claudia, maravillosamente interpretada por Petra Valentini, que demuestra que ella sí ha entendido y asimilado la lección, viajando de la torpeza inicial, incluso física, de la joven actriz, a un dominio y una entrega finales, una perfección inconsciente, casi una posesión.

“Petra Valentini demuestra que ella sí ha entendido y asimilado la lección, viajando con Claudia de la torpeza inicial, incluso física, a un domino y una entrega finales”

¿Sirven las palabras aquí? ¿Por mucho y muy bien que un director instruya a su reparto, puede lograr que una interpretación que no atina en la profundidad, en hacer suya la emoción de la escena, se transforme en algo bello y real? Ahí está la clave: el texto de Jouvet, repetitivo y circular, enuncia de mil maneras diferentes la misma idea y no se agota. Con un director así, con un teórico así, sí es posible ese milagro.

Claro que ese milagro no se sostiene sin un gran primer actor, y ahí entra en escena Toni Servillo. Para muchos Servillo es el maravilloso intelectual divagador de La gran belleza. Pero mucho antes, durante toda una vida dedicada a las tablas, era ya un actor de teatro, un tipo que ha ido haciendo suyo el aroma de los escenarios. Servillo lleva décadas trabajando a través de Teatri Uniti (compañía coproductora de este montaje junto al Piccolo Teatro de Milán y el Teatro d’Europa) en busca de una esencia escénica que refleje un ritual, una verdad desnuda, y que a la vez sea un teatro popular, cercano, que hable de su Nápoles natal y de la Italia y la Europa en que vivimos.

“Servillo ha alcanzado ese lugar ideal: domina la técnica y deja que la emoción brote como un torrente. Está sin duda entre los grandes actores de hoy”

Escuchar las líneas de Jouvet en el italiano limpio y poderoso de su voz hace que casi nos olvidemos de los sobretítulos para disfrutar de un carisma que aleja de sí cualquier acomodamiento o cadencia. Nada es previsible: Servillo/Jouvet lo mismo se arranca en un educado brote de ira (siempre caballeroso, jamás levantando la voz) porque Claudia sigue estando a kilómetros del sentimiento que debe encontrar, que entona dulces admoniciones, como un padre comprensivo; igual abandona el escenario hablando sobre cómo llegar a ese lugar emocional que predica, que lo conquista, con contenidos y magnéticos juegos de manos.

Servillo ha alcanzado ese lugar ideal: domina la técnica y deja que la emoción brote como un torrente. Está sin duda entre los grandes actores del momento y haberle tenido en Madrid con este montaje pertenece ya a la memoria.


Autor: Toni Servillo, a partir de “Elvire-Jouvet 40”, de Brigitte Jaques.  Traducción: Giuseppe Montesano. Dirección: Toni Servillo. Intérpretes: Toni Servillo, Petra Valentini, Francesco Marino y Davide Cirri. Iluminación: Pasquale Mari. Vestuario: Ortensia de Francesco. Sonido: Daghi Rondanini. El Pavón Teatro Kamikaze. Madrid.

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