Suspiros de España

EN TIERRA EXTRAÑA

Julio de 1936. Madrid. Concha Piquer, gran diva de la canción española y estrella internacional, ensaya en un teatro con su colaborador habitual Rafael de León, noble e ilustre letrista, autor de algunas de las mejores canciones de la música popular española. Esperan la llegada del poeta del momento, Federico García Lorca, amigo de León desde la juventud, al que la Piquer quiere conocer para encargarle una canción. El encuentro entre los tres es mágico, un choque de trenes al comienzo, una historia de amor al final. Y es, por supuesto, mentira. Una hermosísima ficción que Juan Carlos Rubio ha imaginado en su nuevo espectáculo, En tierra extraña, un viaje musical, una comedia, un drama y una mirada a tres artistas imprescindibles de nuestra historia en el envoltorio de un montaje impecable que ninguna persona a quien le guste la copla debería perderse. Y tampoco los demás.

No hay noticia de que Piquer y Lorca llegasen a coincidir, ni con Rafael de León como pivote ni a solas. Pero hubiera sido interesante. Y, posiblemente, algo parecido, aunque quizá más mundano, al juego de billar a tres bandas vibrante y rebosante de ingenio que Rubio ha levantado a partir de una idea original suya junto a José María Cámara, un gran “hacedor” de ideas tristemente desaparecido el pasado agosto. Cámara impulsó con inteligencia y pasión los musicales en España en las últimas décadas. Este musical, en otro estilo muy diferente a los grandes vehículos comerciales que creó, es un hermoso réquiem a su carrera.

En tierra extraña mezcla con habilidad el texto y la música, y para ello cuenta con una gran baza, enorme acierto de esta producción, llamada Diana Navarro

En tierra extraña mezcla con habilidad el texto y la música, y para ello cuenta con una gran baza, enorme acierto de esta producción, llamada Diana Navarro. Sabíamos de ella como estupenda cantante, pero aquí demuestra además ser una actriz de primera, con una comicidad y una fuerza arrolladoras. Buena parte de esta función se apoya en su personalidad escénica y en el chorro de voz con el que, a lo largo de la pieza, encandila al público con un repertorio de copla de siempre: Ojos verdes, Tatuaje, A la lima y al limón, Romance de la otra…

No desmerecen en absoluto sus compañeros de reparto: Alejandro Vera entra con fuerza y gracia en el papel de Lorca, tan difícil y desconocido -no conocemos su voz real- por más que sepamos tanto de su obra. Le aporta melancolía y picardía a partes iguales. Avelino Piedad brilla con fuerza como el apocado León, poeta tímido, genio en la sombra, pero sevillano al cabo, con un alarde de gracia andaluza en sus diálogos con Piquer. Y ambos, por cierto, cantan también en esta función en la que la música es tan importante, todo un deleite para el oído y para la nostalgia.

La situación de las dos Españas, el odio latente, la sensación de presagio oscuro sobre Lorca, definen el mensaje de fondo de una obra que, pese a su ficción, podría considerarse teatro histórico

Rubio, autor y director, enfrenta a los protagonistas al momento previo al golpe de Estado y  la posterior Guerra Civil. Esa sombra, una amenaza que conocemos, planea sobre la conversación, en la que se asoma a la homosexualidad de Lorca y León, amigos pero nunca amantes, a sus frustraciones y a sus necesidades. También toca la situación de Piquer, mujer libre y escandalosa en su momento, amante y embarazada del célebre torero Antonio Márquez, en aquella España republicana que no era tan liberal como para ver aquella relación con un hombre casado con buenos ojos. Y siempre, pese a las miradas y los cotilleos, imponiendo su ley. Ella y Lorca habían vivido o estado en EE UU, y esa libertad impregna sus discursos a través de diálogos rápidos, creíbles e ingeniosos que no caen nunca en la pesadez o la pedantería, líneas repletas de carácter y de tierra. La situación de las dos Españas, el odio latente, la sensación de presagio oscuro sobre Lorca, son el mar de fondo de una obra que, pese a su ficción, podría considerarse teatro histórico.

No, Lorca y Piquer no llegaron a conocerse. Al menos no tenemos noticia de ello. Pero si hubiera ocurrido, quizá habría sido algo parecido a este encuentro entre bambalinas, con los baúles de la Piquer como paisaje emocional y físico, una ucronía triste e hilarante, reconfortante y trágica. Es bonito imaginar lo que podría haber salido de la colaboración entre Piquer y Lorca si su asesinato no lo hubiera impedido. Como tantas otras cosas que la guerra civil truncó. Si una obra como En tierra extraña puede tener alguna función social, es arrojarnos a los ojos la importancia del pasado para que nunca más volvamos a odiarnos los unos a los otros con la ceguera con que lo hicimos entonces.


Idea original: José María Cámara y Juan Carlos Rubio. Libreto y dirección: Juan Carlos Rubio. Dirección musical: JulioAwad. Espacio escénico: Estudiodedos – Curt Allen Wilmer (AAPEE) y Leticia Gañán. Iluminación: Paloma Parra. Sonido: Javier Isequilla. Piano: Jaume Vilaseca. Vestuario: Ana Llena. Intérpretes: Diana Navarro, Alejandro Vera, Avelino Piedad. Teatro Español. Madrid.

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