La Tristura contra Garfio

"Cine", de La Tristura
Fernanda Orazi y Pablo und Destruktion, en la obra
CINE

Es muy complicado hablar de algunos asuntos sin caer en la lágrima fácil, en la edulcoración tramposa o el recurso a la emoción. Por eso, Cine tiene un interés de entrada loable: La Tristura ha abordado uno de los mayores escándalos -al menos debería serlo- que aún siguen sin tener un eco total en España, el de los niños robados durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Y lo ha hecho con Cine, una historia narrativa, un viaje personal que no acentúa el dolor, que fluye y permite acercarse a los personajes con reposo, sin que -salvo quizá en una escena, la del cara a cara con un juez responsable de los robos- el sesgo convierta a esta interesante propuesta teatral en teatro doctrinario. Es combativo, sí, pero no deja de haber una mirada teatral y reflexiva.

La historia es la del protagonista, Pablo, interpretado con naturalidad por el cantautor ‘alternativo’ Pablo und Destruktion. El escritor John Gardner dijo una vez que sólo hay dos tipos de historias: un hombre sale de viaje y un extraño llega a la ciudad. No recuerdo a quién le escuché -creo que fue a un crítico cinematográfico- una versión más interesante que establecía otros dos tipos únicos de argumentos: los de alguien que busca algo y los de alguien que huye de algo. Sin duda Pablo encaja mejor en ambas versiones, y dentro de ellas en la primera definición, aunque a la vez puede decirse que también en la segunda. Al buscar los nombres de sus padres biológicos y las respuestas sobre quién le secuestró siendo un bebé y por qué, huye a la vez de un pasado que no le ha dejado ser feliz.

Pablo tiene algo de Peter Pan, no porque se niegue a crecer, sino porque no puede aunque quiera. Le falta una sombra que le aferre a la realidad, encontrar y destruir a los piratas que se llevaron a los niños perdidos a Nunca Jamás. Nunca jamás debería suceder algo así. Las cifras que ofrece La Tristura a modo documental son escalofriantes: hablamos de 300.000 niños robados, (no son algunas decenas o unos centenares) a lo largo de varias décadas. Es cierto que otras estimaciones rebajan esta cantidad hasta la décima parte… Pero en cualquier caso parece que fue una práctica extendida, institucionalizada, con la connivencia de los poderes fácticos: jueces, monjas, doctores…

“Pablo tiene algo de Peter Pan, no porque se niegue a crecer, sino porque no puede. Le falta una sombra que le aferre a la realidad, encontrar a los piratas que se llevaron a los niños perdidos”

La Tristura construye este cuento oscuro y sobrio sin abandonar la ternura y algunas de sus señas de identidad como compañía: la juventud, la música en directo -aportada claro por Pablo und Destruktion- y el trabajo con niños. El resultado es un viaje, narrativo y literal, que va de Madrid a San Sebastián, y de allí a Turín. Un viaje de descubrimiento en el que Pablo irá poniendo su presente al servicio de su pasado, mientras la vida se presenta ante él en forma de camarera de hotel y de joven maestra (ahí entran en escena cuatro niños, tiernos, divertidos y formales todos) y artista conceptual incipiente que trata de sacar adelante un proyecto sobre la memoria.

La apuesta más arriesgada del montaje en realidad llega en este punto, en la relación entre Pablo y la maestra, que resulta ser la nieta del juez franquista que aprobó su robo. La compañía establece una teoría sobre la responsabilidad heredada que me parece un error justificable solo desde el rencor histórico: por graves que sean los pecados de los padres, traspasar la culpa a los hijos implica un juicio sin defensa posible y aniquila el albedrío y las decisiones personales.

Pablo lo tiene claro, no sé si Itsaso Arana y Celso Jiménez, que firman este texto al alimón, lo piensan. Yo creo que desde el teatro, el cine u otros vehículos se puede y se debe hablar de un tema como el que aborda “Cine” sin que haga falta seguir creando nuevas barreras entre las generaciones más jóvenes en una España que ya lleva demasiadas décadas partida en dos.

“Por graves que sean los pecados de los padres, traspasar la culpa a los hijos implica un juicio sin defensa posible y aniquila el albedrío y las decisiones personales”

En general, Cine es un montaje interesante e hilvanado con inteligencia, aunque cabe señalar que en algunos momentos el ritmo decae: el viaje del protagonista tiene momentos de escaso interés, y toda la fuerza de Pablo und Destruktion se le va en las canciones (chapeau), pero luego parece que hubiera querido hacer de su personaje un ser minimalista, sin energías. Entiendo que busca una naturalidad extrema, que evita el histrión, pero tiene una dejadez lánguida que llevada al extremo le otorga a la historia una pereza lejana, un desinterés inevitable.

Da pudor ya, por otro lado, recordar lo estupenda actriz que es Fernanda Orazi, la camarera, quien también interpreta a la abogada del protagonista. Su personaje es quien pone a Pablo sobre la pista de sus orígenes. Ambos papeles los borda con su saber hacer teatral, casi insultante. También Itsaso Arana construye con solidez el papel de la maestra.


Autores: Itsaso Arana y Celso Jiménes. Dirección: Itsaso Arana y Celso Jiménez. Intérpretes: Pablo und Destruktion, Fernanda Orazi, Isaso Arana. Figuración: Sofía Acedo, Alba Esgueva, Rubén García, Eva Martínez, Aroa Mirabet, Aimar Miranda, Alan Miranda, Lucía Olmedo, Aroa Ortigosa, Fran Guijarro. Escenografía: Ana Muñiz. Iluminación: Eduardo Vizuete. Sonido: Eduardo G. Castro. Teatros del Canal. Madrid.

Estrellas Volodia
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