Todo es mejor en América

"West Side Story", versión de David Serrano
Un momento del musical
WEST SIDE STORY

Cuando el punto de partida de un montaje es tan elevado, es difícil que el resultado defraude. Es lo que ocurre con West Side Story, que acaba de aterrizar en Madrid en un nuevo montaje español. El superlativo musical de Leonard Bernstein,Stephen Sondheim y Jerome Robbins -en este caso la autoría es triple, porque las coreografías del original son también inolvidables, o cuádruple si añadimos el extraordinario guion de Arthur Laurents– tiene su sitio ya en el imaginario colectivo, y como ocurre con un buen Hamlet, un Fuenteovejuna, un Tío Vania o, por seguir con musicales, un Cabaret, este título nunca sobra en la cartelera. Y si se hace como se acaba de ver en el Teatro Calderón de Madrid, con una producción que no escatima en escenografías, cuida las voces y el reparto, y mima el ritmo, cabría poco que objetar. Y aún así, lo hay. Esta notable versión, muy recomendable en general, adolece de un par de decisiones de dirección que al enamorado del clásico le harán subirse por las paredes. Sí, son quejas de purista. Pero en este caso, importantes. Con todo, merece la pena ir a verla.

Vayamos por pasos. Soberbio el trabajo de los protagonistas, que están muy bien seleccionados. El casting, impecable. En voz, presencia y tablas, Javier Ariano y Talía del Val son unos Tony y María, respectivamente, de gran empaque y emoción. Ambos tienen carisma y voz, resultando unos Romeo y Julieta neoyorquinos de conseguida dulzura, aunque trabajen -y es algo que pesa en algunos momentos- en diferentes tonos: si Ariano es un cantante puro de musical, Del Val parece haber bebido de la ópera y la zarzuela. En cualquier caso, la pareja funciona y encaja en la historia.

“El casting, impecable. En voz, presencia y tablas, Javier Ariano y Talía del Val son unos Tony y María, respectivamente, de gran empaque y emoción”

Cada personaje ha encontrado, incluso en los rasgos físicos, la horma de su zapato, y nadie en el reparto patina, con especial talento en la parte coreográfica. Estupendos Anita y Bernardo los de Silvia Álvarez y Oriol Anglada, raciales y poderosos, que hacen no añorar los míticos de Rita Moreno y George Chakiris, y otro tanto ocurre con el Riff de Víctor González. Y así,  en general, con el resto de los americano-polacos Sharks y los portorriqueños Jetts, junto a sus respectivas novias, las dos pandillas callejeras del Oeste de Manhattan que se odian, pelean y llevan su rivalidad al extremo de asesinar al amor en esta maravillosa revisión shakespeariana ambientada en los años 50, un arrebato de genialidad de Bernstein y compañía.

En 2009 pudimos ver fugazmente en Madrid otra versión del mismo musical, también fiel, con menos aparato escenográfico -casi desnuda, de hecho-, pero con gran encanto y (importante) en su versión original. Fue en Los Veranos de la Villa y aunque pasó por Madrid sin demasiado revuelo, fue la versión encargada a un joven director londinense, Joey McKneely, para homenajear los 50 años del original y hoy es una producción de referencia.

“La otra clave es su grandiosidad escenográfica: el Nueva York creado por Ricardo Sánchez Cuerda es un microcosmos de escaleras, balcones y terrazas que encierra al reparto”

Casi una década ha tardado en regresar a los escenarios madrileños la historia. La que ahora se estrena en el Calderón lleva la firma de SOM, productora que se ha instalado con merecido éxito en la vida musical madrileña: Priscilla, reina del desierto o Billy Elliot son algunos de sus éxitos. Este West Side Story apuesta, en general, a la fidelidad al original (las coreografías de Robbins, la historia apenas sin tocar) y compensa la pérdida del encanto de las letras en español (no me meteré ahora en esta guerra: en Madrid, es lo que hay) con una estupenda traducción de David Serrano, un verdadero esfuerzo de acercamiento al sentido de cada canción. La otra clave es su grandiosidad escenográfica: el Nueva York creado por Ricardo Sánchez Cuerda es un microcosmos de escaleras, balcones y terrazas que encierra al reparto por todos lados, a los que se le suman piezas móviles y biombos para recrear otros espacios, desde el bar de Doc a la casa de María, la tienda de Anita, las canchas de baloncesto… Un viaje esforzado y bien ejecutado por los escenarios que todos conocemos de haber visto una y otra vez la película. Notables los trabajos de iluminación, sonido y la orquesta en directo, pequeña pero efectiva.

Cabe sólo objetar que el Calderón, con una caja escénica que no es la de otros grandes teatros de musical madrileños, se le queda ligeramente pequeño a la propuesta. El reparto y la sabia dirección de Federico Barrios lo solventan en un alarde de adaptación, retocando las coreografías para que los movimientos no parezcan forzados dentro del espacio con el que cuentan.

En cualquier caso, sería pecata minuta, y el musical se disfruta en cada momento… excepto en uno.

Aquí llega la única pega -si bien no desdeñable- a esta producción: “América” es un número mítico, quizá el mejor del musical y uno de los más esperados. Quien firma -y supongo que muchos otros espectadores- lo retienen en su memoria en la versión cinematográfica. La película enfrentaba en una terraza a los chicos y las chicas portorriqueños, ellas defendiendo el sueño americano y ellos añorando su patria y resaltando los defectos de Estados Unidos. Pero en esta producción, Serrano y Del Barrio se retrotraen al original escénico de Broadway: Berstein y Robbins lo concibieron como un número exclusivamente femenino, en el que todas las chicas, con Anita a la cabeza, se oponen a otra de ellas, Rosalía. ¿Era necesario mantener en este punto el montaje de Broadway? El número en su versión cinematográfica le da cien vueltas en todos los sentidos a este blando enfrentamiento. No siempre la fidelidad extrema es un valor. En este caso, es una de esas desafortunadas decisiones que estropean el conjunto. Como vestirse de gala para una fiesta y coronarlo con unas chanclas. Sin duda, como canta Anita, todo es mejor en América. O, en este caso, en la América del cine.


Música: Leonard Bernstein. Libreto: Arthur Laurens. Letras: Stephen Sondheim. Coreografías: Jerome Robbins. Adaptación y traducción: David Serrano. Dirección y adaptación de coreografía: Federico Barrios. Intérpretes: Javier Ariano, Talía del Val, Silvia Álvarez, Víctor González, Oriol Anglada, Jan Forrellat, Teresa Abarca, Javier Santos, Ernesto Figueiras, Miguel Ángel Collado, Axel Amores, Joana Quesada, Nil Carbonell, Kristina Alonso, Ana Escrivá, Julia Pérez, Beatriz Mur, Fran Moreno, Daniel Cobacho, José Antonio Torres, Adrián García, Miguel Ángel Belotto, Luciana de Nicola, Angie Alcázar, Ana Acosta, Lucía Ambrosini, Belinda Enríquez, Armando Pita, Diego Molero, Enrique R. del Portal… Dirección musical: Gaby Goldman. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Iluminación: Carlos Torrijos (AAI) y Juan Gómez Cornejo (AAI). Sonido: Gaston Brisky. Figurinista: Antonio Belart. Teatro Calderón. Madrid.

2 opiniones en “Todo es mejor en América”

  1. Hola, Miguel.
    Creo que todos los que hemos trabajado de una u otra manera en este montaje de “West Side story” habríamos preferido que el número de “America” se hubiera hecho tal y como se hizo en la película. El problema es que no se puede. La licencia exige de manera clara que este número se haga solo con las chicas, como se hizo en Broadway originalmente. Y así se representa en todos los lugares del mundo en donde se monta este musical. Los otros cambios que también se introdujeron en la película, algunos muy interesantes, tampoco se pueden hacer. Todos están especificados en el contrato de la licencia y te aseguro que son implacables con estos asuntos.

    1. Hola David, gracias por la aclaración. Las cosas se ven de otra manera cuando se conocen los detalles que no suelen ser de dominio público, y, si bien el resultado es el mismo, lo que explicas os descarga de responsabilidad al equipo creativo español en lo que a mi juicio era lo peor de la producción. Es una pena lo restrictivo del contrato, porque efectivamente el número de ‘América’ hubiera ganado y con él todo el musical (así como otros cambios que no mencioné) en su versión película. Con todo, enhorabuena por un montaje que tiene muchos puntos a su favor y del que se sale con buen sabor de boca.

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