Más escenas que secretos

 
ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL

En Secretos de un matrimonio, que originariamente fue una serie de mediometrajes rodada en 1973, Ingmar Bergman diseccionó con su ojo maestro la descomposición de un matrimonio perfecto a través de varias escenas. Nada dado al melodrama, el dramaturgo y cineasta sueco urdió uno de los análisis más inteligentes y sensibles que la ficción ha logrado de la realidad cotidiana de la pareja, alejada de lo grueso, lo obvio y lo efectista. Entre Johan y Marianne, un matrimonio de la alta burguesía, todo funciona: tienen amor, dinero, salud y dos hijas. Más aun: se comprenden, se aceptan, encajan el uno con el otro y no parecen necesitar nada más. Pero ya en la primera de las escenas de Bergman se anuncia el elemento de desequilibrio: un nuevo embarazo; en la segunda llega la incomodidad de la rutina y en la tercera la infidelidad y la destrucción de la pareja. Lo novedoso frente a otras historias anteriores a los 70 -en cine o literatura-, es la aceptación de esa derrota, la plasmación tranquila de la disolución del matrimonio sin guerras, odios ni venganzas: es un proceso de descomposición natural, no una destrucción maliciosa. Liv Ullman y Erland Josephson estaban sublimes -Ullman sobre todo- en la piel de los protagonistas, tan ajenos al comienzo a lo que se les venía encima como comprensivos y tiernos con los errores del otro, incluso cuando todo parece ya separarles. Aunque hay una escena de arrebato y acusaciones, el desahogo necesario, no hay rencor escondido. El amor mutuo ha desaparecido de sus vidas pero sigue como un remanante incómodo, un rastro que les marcará para siempre.

“Lo novedoso es la aceptación de esa derrota, la plasmación tranquila de la disolución del matrimonio sin guerras, odios ni venganzas: es un proceso de descomposición natural”

Convertido en obra teatral, el texto ha sido llevado a escena en repetidas producciones titulado Secretos de un matrimonio o Escenas de un matrimonio. En Madrid se vio en 2010 en un doblete junto a Saraband –adaptación del filme casi testamental de Bergman en el que retomó a los personajes de Johan y Marianne en su ocaso-, dirigido por Marta Angelat e interpretado por Francesc Orella y Mónica López. En Bergman vemos más secretos -no inconfesables, pero sí cotidianos, de los que tienen que ver con el afecto y el aguante- que escenas. La mayoría de las versiones de esta obra tratan de reproducir el espíritu del original, o lo que entienden que por ello: el desamor, la frialdad, la pareja fracturada, la distancia, la incomunicación pese a lo verbal de la relación… Lo cierto es que en Bergman había también trazos de costumbrismo urbano, con un inevitable humor soterrado, aunque en pequeñas dosis. Era más un naturalista, un voyeur alejado que se mantenía al margen aunque acercara su foco a pequeños gestos reveladores.

La versión que visita estos días los Teatros del Canal llega desde Buenos Aires, con producción de Maipo Teatro y dirección de la actriz Norma Aleandro, y se asoma a un terreno diferente: la comedia de salón o de sofá. Tiene más de escenas que de secretos, y por eso acertadamente la han titulado Escenas de la vida conyugal. En sus ritmos y acentos se acerca más a esa comedia de entretenimiento amable, heredera del teatro de bulevar francés, que a los escalofríos que se le meten a uno en el alma con los autores nórdicos. Bergman está ahí, desde luego, pero el debate, las dudas y los giros y frenadas vitales de Marianne y Johan se convierten en boca de Andrea Pietra y de Ricardo Darín en un guiso aderezado con toques del Dario Fo más terrenal -el menos poítico- o del Florian Zeller que tanto le gusta a Flotats. Poco que objetar: es una elección.

“Si les apasiona Bergman, sigan quedándose con sus películas. Si quieren ir a pasar un rato entretenido al teatro, esta comedia inesperada no es mala opción”

En el punto de mira de esta producción está probablemente más la evasión que la exploración de las profundidades del alma. Y en se terreno, Darín vuelve a demostrar lo enorme que es. Tiene tablas y talento de sobra para convertir cualquier réplica, cualquier exabrupto, en una sonrisa cómplice en el público, cuando no una carcajada. Y Pietra le acompaña sobrada también de saber hacer y frescura, con una importante objeción, y no sé si es achacable a la actriz o a la dirección de Aleandro: su banalización en algunos momentos del personaje, al que hace (¿hacen?) parecer caprichoso, inconstante, casi infantil, dejando la partida decantada a favor del marido, más equilibrado en las primeras escenas -aunque sea después el tarambana y el que da al traste con el matrimonio-, cuando para nada es así en el profundo retrato de Ullman.

En fin, si les apasiona Bergman, sigan quedándose con su cine. Si quieren ir a pasar un rato entretenido al teatro, esta comedia inesperada no es mala opción.


ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL. Autor: Ingmar Bergman. Versión: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Directora: Norma Aleandro. Intérpretes: Ricardo Darín y Andrea Pietra . Escenografía: Juan Lepes. Vestuario: Renata Schussheim. Iluminación: Gonzalo Córdova. Sonido: Guillermo Perulán. Teatros del Canal. Madrid.

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