Tribueñe no pierde el paso

LA CASA DE BERNARDA ALBA

El pequeño Teatro Tribueñe ha consolidado en los últimos años una trayectoria coherente de gran repertorio de texto y un estilo propio con puestas en escena elegantes, bella musicalización y gran trabajo actoral. Algunos de sus montajes son redondos (Por los ojos de Raquel Meller) y otros no tanto, pero aun así resultan recomendables (Bodas de sangre). El resultado de lo anterior es una media de calidad elevada. Esta Casa de Bernarda Alba de original concepto estético tiene momentos memorables en los que Hugo Pérez de la Pica e Irina Kouberskaya se alejan del andalucismo tan cansino asociado a Lorca y prueban otro nivel de lectura: el folclore. Su versión de la tragedia, estrenada en 2011, ha sido invitada con acierto al Teatro Español. El gran escenario le sienta como un guante a una producción para diez actrices presidida por un enorme crucifijo y santos flotantes, sin ánimo iconoclasta sino analítico de un país y una época en los que la devoción era norma.

La apuesta fascina: el universo cerrado, el hogar impermeable a la alegría, encaja, por qué no, en la tradición de un país de saetas y nanas flamencas, con un par de momentos musicales antológicos

La apuesta fascina: el universo cerrado, el hogar impermeable a la alegría, encaja, por qué no, en la tradición de un país de saetas y nanas flamencas, con un par de momentos musicales antológicos. Cada cuadro de este viaje expresionista y poético tiene su simbolismo, con pasos procesionales y juegos de velos, sábanas y encajes, si bien resulta algo gratuita la inclusión del himno español en una escena y el afán de crear un cuadro vivo, un «Descendimiento» en el que a las actrices se las ve forzadas en sus textos. Son las únicas objeciones a una revisión lorquiana de altura.

Compañía, en todo el sentido del término, las actrices de Tribueñe juegan entre sí con brillo y no ofrecen resquicios una a una: por supuesto, las veteranas, como la propia Kouberskaya, una María Josefa magnética de aire onnagata, la firme Bernarda de Carmen R. de la Pica o la divertida y terrenal Poncia de Chelo Vivares. Pero llama la atención la frescura de las cinco hijas, un quinteto compacto formado por Badia Albayati, toda fuerza como la rebelde Adela, Alejandra Navarro, en una Angustias con derroche físico y emocional; aunque para entrega física, la de Matilde Juárez, la estupenda Martirio de esta versión. Y con ellas, en inteligentes aportaciones, Rocío Osuna e Irene Polo, Magdalena y Amelia, respectivamente. El montaje y ellas logran emocionar.


Autor: Federico García Lorca. Dirección: Hugo Pérez de la Pica e Irina Kouberskaya. Escenografía, vestuario y dirección musical: Hugo Pérez de la Pica Intérpretes: Carmen R. de la Pica, Chelo Vivares, Badia Albayati, N. de Azcárate, Alejandra Navarro, Matilde Juárez, Rocío Osuna, Irene Polo, Irina Kouberskaya…... Teatro Español. Madrid.

Esta crítica fue publicada originalmente en el periódico La Razón (Recogida en el blog Notas desde la Fila siete, Marzo 2014)

Estrellas Volodia

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