Consejos para un cómico

HAMLET

Bellos consejos los que da el Príncipe Hamlet al cómico que contrata para dejar con la vergüenza al desnudo a su madre adúltera y su tío asesino: “Dirás este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de nuestros cómicos. (…) Ni manotees así, acuchillando el aire: moderación en todo; puesto que aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el huracán de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. (…) Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe guiarte”.

Pues eso. Juan Diego Botto, protagonista y director de esta arriesgada aventura, observa e ignora, a partes iguales, cada uno de estos consejos. Tiene garra y ganas, pero también cierta tendencia al histrión.

Este Hamlet tiene virtudes. Primera, el mero hecho de estar. Porque entre ser o no ser, en cuestión de taquilla, siempre será mejor ser: o sea, tener un Shakespeare a mano

Este Hamlet tiene virtudes. Primera, el mero hecho de estar. Porque entre ser o no ser, en cuestión de taquilla, siempre será mejor ser: o sea, tener un Shakespeare a mano, más si es en el Centro Dramático Nacional. El buen gusto estético no se le puede negar tampoco. Este montaje es austero, oscuro y decimonónico. Pero no clásico: momentos como la aparición del espectro del rey, una gran proyección que parece casi una holografía, desvelan el afán por un teatro moderno.

Botto tiene ideas frescas, otras no tanto -lo de las lecturas incestuosas allí donde no viene a cuento aburre ya-, y maneja bien a su reparto en un María Guerrero convertido todo en gran Elsinore por cuyas puertas, pasillos y palcos los personajes aparecen y hacen mutis. La traducción de Leandro Fernández de Moratín es limpia e inteligible. La versión de Borja Ortiz de Gondra, correcta pero discutible. Cortar siempre es seleccionar, pero es mucho e importante lo que falta. Aunque es todo manías, diríase.

Botto tiene ideas frescas, otras no tanto -lo de las lecturas incestuosas allí donde no viene a cuento aburre ya-, y maneja bien a su reparto

Por lo demás, el reparto se maneja con soltura: estupendo el Horacio de Luis Hostalot, correcto aunque algo festivo el Claudio de José Coronado y gélida y seductora la Gertrudis de Nieve de Medina; Marta Etura es una Ofelia lánguida, etérea, que olvida que en el cine el rostro es el arma del actor, aunque no en el teatro. Pero, ¿es éste un mal Hamlet? He ahí la cuestión. Mucha severidad sería asegurarlo. Es un Hamlet hecho con medios y ganas. Y no es poco.


Autor: William Shakespeare. Dramaturgia: Borja Ortiz de Gondra y Juan Diego Botto, sobre la traducción de Leandro Fernández de Moratín. Director: María Fernández Ache y Will Keen. Intérpretes: Juan Diego Botto, Nieve de Medina, Marta Etura, José Coronado, Luis Hostalot, Juan Carlos Vellido, Emilio Buale…. Teatro María Guerrero. Madrid.

Crítica publicada originalmente en La Razón, recogida en Notas desde la fila siete (Diciembre 2008).

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