Los lunes a la sombra

El plan Ignasi Vidal
Del Barco, Baqueiro y Navares, en la obra / Foto: Gerardo Sanz
EL PLAN

El único plan que tienen los tres protagonistas de El plan es arrastrarse por la vida. Uno, en busca de dignidad. Otro, sobreviviendo instalado en el cinismo. El último, por un camino terrible y equivocado. Es extraño este texto que ha escrito y dirige Ignasi Vidal: juega a ser una comedia neorrealista, un retrato de la España que no logra deshacerse de Los lunes al sol, un costumbrismo de salón y bromas de andar por casa, confidencias de barra de bar, pero al final zarandea al espectador llevándole al terreno de la tragedia griega, que en este caso es también española, mediática y, por desgracia, cotidiana.

Si puede hablarse de un teatro sociopolítico hoy en nuestra escena, sin duda El plan forma parte de esa categoría: se sirve del humor, del retrato de tres perdedores en apariencia entrañables y torpes, para lanzar dos mensajes. Con el primero es fácil empatizar: la España de la crisis ha generado una casta inferior, parias del rescate bancario y las grandes mordidas que languidecen en existencias miserables sin demasiada esperanza cuando sus fábricas cierran. Lo que León de Aranoa llevó al cine en 2002, Vidal lo convierte tres lustros después (se estrenó en 2015 en La pensión de las pulgas, pasó por el Pavón Kamikaze en 2016 y ahora recala en el Marquina) en materia teatral con diálogos ágiles: tres amigos, en paro, se reúnen en casa de uno de ellos con un propósito que no queda claro.

“Si puede hablarse de un teatro sociopolítico hoy en nuestra escena, sin duda El plan forma parte de esa categoría: se sirve del humor, del retrato de tres perdedores en apariencia entrañables”

Es un día clave para Paco, Ramón y Enrique, pero sus miserias, las que doblegan sus bolsillos y sus personalidades -impuntualidad, incuria, abandono-, parecen no querer dejarlos salir de un círculo vicioso vital, como las paredes invisibles de El ángel exterminador. Sus realidades están salpicadas de hastíos conyugales, infidelidades e incapacidad para el cambio, y barnizadas por los opios del pueblo, en el sentido literal.

Pero el segundo mensaje de la obra es discutible. Vidal al menos deja puertas abiertas al menos, haciendo a Ramón preguntarse por la predisposición genética, suerte de reflexión en versión siglo XXI sobre el libre albedrío. Aunque la conclusión parece viajar a la idea de Rousseau de que la sociedad es la culpable de los males del hombre, liberando a éste de su responsabilidad.

La España de los ERE y la corrupción -la que Vidal retrató en la notable Dignidad-, que se ceba con Paco, Ramón y Enrique, sería también responsable de sus atrocidades. Esa conclusión es una de las sombras que empaña este lunes al sol teatral (lo plano de la producción, con tresillo y cuadrito, es otra).

“El segundo mensaje de la obra es incómodo y discutible. La idea de Rousseau de que la sociedad es la culpable de los males del hombre, liberando a éste de su responsabilidad”

Pero a este Plan no le faltan virtudes. Entre ellos, su buen ritmo, la soltura de sus diálogos, su armazón dramatúrgica, que permite entrever a un autor con pulso, agazapado bajo el aspecto engañoso de la pieza de comedia de corte “comercial”. O el impecable trabajo de su trío de actores, en un registro naturalista. Manuel Baqueiro, Chema del Barco y Javier Navares ponen corazón y alma a unos personajes que habitan cada rincón de nuestras ciudades y pueblos; los retratan como si hubieran pasado horas y horas en una oficina de empleo.

Sin duda, al margen de las sombras de esta producción, conviene escuchar la voz de Ignasi Vidal. Escribe sobre problemas de la España de hoy y construye con eficacia historias contemporáneas. No es un autor poético ni metafórico. Pero las bicicletas robadas y las vidas desgastadas también sirven para tomarle el pulso a las sociedades.


Autor y director: Ignasi Vidal. Reparto: Manuel Baqueiro, Javier Navares, Chema del Barco. Espacio escénico: Ignasi Vidal. Iluminación: Sergio Gracia. Efectos sonoros: Carlos Benito “Tiri” y Jesús Manuel Herguedas “Txutxi”. Teatro Marquina. Madrid.

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