Evasión y victoria

LADIES FOOTBALL CLUB

En 1981, John Huston estrenó Victory, una película en la que un grupo de prisioneros de guerra de diferentes nacionalidades capturados por los nazis formaban un equipo de fútbol en un campo de concentración. Al final, debían enfrentarse a un equipo formado por la crème de la crème de la selección germana. El Tercer Reich esperaba una victoria política frente al equipo de andrajosos. Ellos se debatían entre la importancia de ganar a los nazis y la posibilidad de una gran fuga el día del partido. De forma acertada, aquella cinta rebosante de épica y con grandes nombres del fútbol y el cine (Bobby Moore, Ardiles y Van Himst compartían metraje con Sylvester Stallone, Michael Caine y Max von Sydow) se tituló en España Evasión o victoria.

Cuento todo esto por el título de esta crítica. Y porque, qué diablos, me apetecía rememorar aquellos fotogramas de Pelé haciendo una chilena repetida a cámara lenta que desató el delirio entre los colegiales a los que nos pusieron la peli algún día de lluvia lejano. Bueno, y porque algo tiene que ver con el nuevo montaje de Sergio Peris-Mencheta y su compañía Barco Pirata, Ladies Football Club. Otro viaje fastuoso por la teatralidad total.

Lehman Trilogy, desde un punto de vista dramático, era más redonda, mejor escritura. En cualquier caso, el montaje y la historia acaban por enganchar

Peris-Mencheta acude de nuevo a un texto de Stefano Massini, tras el deslumbrante Lehman Trilogy, con el que tiene denominadores comunes: mirada política (a la izquierda), compromiso social, denuncia y narración histórica. Como en aquella, el dramaturgo italiano viaja a comienzos de siglo. Y, de nuevo, va retratando como falso narrador, en la voz de sus protagonistas, que presentan al público una historia pretéritra. La fórmula funciona, aunque Massini abusa de la fragmentación de las líneas, que las actrices trocean en formato de oratorio documental con pies rápidos, terminando las unas las frases de las otras. Lehman Trilogy, desde un punto de vista dramático, era más redonda, mejor escritura. En cualquier caso, el montaje y la historia acaban por enganchar.

Esta vez, Massini nos habla de las pioneras del fútbol femenino en la Inglaterra de 1917. En plena Guerra Mundial, con todos los hombres en el frente, once operarias de una fábrica de armamento en Sheffield descubrieron su pasión: darle patadas a una pelota. Lo hacían con rabia de género, conciencia de clase y necesidad de escapar, como decía el poeta, de las bardas de su corral. O así al menos lo presenta la obra. Sin duda, Massini ha dramatizado ya que la historia del fútbol femenino en la ciudad obrera se remonta a 1895 y a lo largo y ancho del país hubo otras “ladies” futboleras aquellos años. Una rápida búsqueda en internet, arroja más de una referencia al fútbol surgido en las fábricas de armamento por toda Inglaterra, a las “munitionettes” y a diferentes equipos y competiciones, aunque ninguna a las protagonistas de la obra. Desconozco si la fábrica Doyle & Walker y las “águilas” del LFC, Abigail, Shelley, Brianna, Penelope y compañía, realmente existieron o si son un recurso dramático.

En plena Guerra Mundial, con todos los hombres en el frente, once operarias de una fábrica de armamento en Sheffield descubrieron su pasión: darle patadas a una pelota

Como quiera que sea, si non è vero, è ben trovato: aquellas once mujeres u otras similares fueron pioneras, osadas y de armas tomar, en todos los sentidos. En una sociedad machista, se sobrepusieron a los prejuicios. No querían ser solo madres, esposas y amas de casa. Jugaron, ganaron y entusiasmaron a miles de espectadores. Pero acabó la guerra, volvieron los soldados a casa, y su sueño terminó de forma abrupta, por imposición de quienes mandaban en el fútbol, con una prohibición que no se levantaría hasta 1975.

Esto es lo que cuenta este viaje histórico-socio-cultural en el que hay algo de fútbol, por supuesto, pero sobre todo mucho de feminismo, de denuncia y de reinvindicación, con nombre y apellidos, de las once “muniotenettes” de manos amarillas.

En este viaje histórico-socio-cultural hay algo de fútbol, por supuesto, pero sobre todo hay mucho de feminismo, de denuncia y de reinvindicación de las once “muniotenettes” de manos amarillas

El texto de Massini está lejos de la calidad de Lehman Trilogy. La primera media hora no acaba de arrancar en la presentación de personajes, mientras se detiene pormenorizadamente en cada una de las jugadoras, cuyos atributos repite de forma algo machacona el resto del montaje: una es la “invisible”, en la que nadie repara nunca (Diana Palazón); otra, la que desde pequeña sueña con emular a Juana de Arco (Andrea Guasch); está la de origen indio que ve siempre el vaso medio vacío (Nur Levi); la rústica más bruta que un arado (Carla Hidalgo); la sindicalista entregada al marxismo combativo (Alicia González Rey); la extravagante que dice sinsentidos (María Pascual); la “intelectual” que adapta sus frases sentenciosas de revistas (Silvia Abascal); a la que sus diez hermanos tratan como idiota, eso que ahora llaman mansplaining (Noemí Arribas)… Así todas, incluidas Belén González e Irene Maquieira.

El formato de los textos permite a las actrices brillar como grupo, una compañía compacta y entregada a la propuesta. Hay un gran esfuerzo coral y talento variado. Aunque tienen cada una sus momentos individuales, es difícil destacar a nadie. Pero sería injusto no hacer mención a cómo una muy divertida Ana Rayo se mete al teatro en el bolsillo en su monólogo de soltera desesperada a la caza y captura de un hombre.

Massini trabaja el recurso de la repetición para crear un collage humano que deje poso. Lo logra: los espectadores acaban identificando y aplaudiendo los guiños de cada una… Hasta celebrando sus goles

Massini trabaja el recurso de la repetición para crear un collage humano que deje poso. Lo logra: los espectadores acaban identificando y aplaudiendo los guiños de cada una… Hasta celebrando sus goles, como si estuvieran en un estadio y el partido fuera real. Pero el artificio pasa factura: el autor paga el precio de la simplicidad. Sus once personajes están perfilados con esa efectividad de quien domina el taller dramático. Sin duda, seres entrañables, pero trazados con algo de brocha gorda. 

En ese sentido, en Ladies Football Club, más que con el texto he disfrutado con el gran trabajo de sus once protagonistas y la propuesta del director y la compañía, intachables. Peris-Mencheta y la familia “pirata” tienen un talento que a estas alturas, después de Tempestad, Continuidad de los parques o Una noche sin luna (por citar algunos de sus montajes) no hace falta subrayar. Una gran escenografía de Alessio Meloni a tres paredes y otros tantos niveles verticales encierra a las protagonistas en una suerte de espacio industrial en el que luces, sonido e imaginación se combinan para transportarnos al césped, al patio de una fábrica o a cada uno de los hogares.

Repitiendo el formato de Castelvines y Monteses, el director apuesta por el teatro musical, con diferentes números insertados en los que las “munitionettes” se convierten en artistas de variedades improvisadas y cantan viejos himnos irlandeses o nuevas canciones con aire retro compuestas por Litus Ruiz. Funciona con frescura la apuesta y el respetable disfruta de esa sana mezcla de teatro de texto y canción.

Así, pese a las objeciones, Peris-Mencheta logra entrenetener y transmitir con eficacia el mensaje. No cabe duda de que estamos ante teatro social, arte con un objetivo, y el artista logra aquí salir victorioso. Pero también ante una pieza entretenida en la que la evasión es posible. Y esta dualidad, damas y caballeros, es un trofeo que solo algunos equipos son capaces de levantar.


Autor: Stefano Massini. Traducción: Ignacio Rengel. Adaptación: Sergio Peris-Mencheta con la colaboración de Daniel Val. Dirección: Sergio Peris-Mencheta. Composición musical: Litus Ruiz. Dirección musical: Joan Miquel Pérez. Intérpretes: Noemi Arribas, Xenia Reguant/ Silvia Abascal, Ana Rayo, Maria Pascual, Nur Levi, Alicia González, Carla Hidalgo, Irene Maquieira, Andrea Guasch, Diana Palazón, Belén González. Escenografía: Alessio Meloni. Vestuario: Elda Noriega. Iluminación: David Picazo. Sonido: Enrique Rincón y Álvaro de la Osa. Teatros del Canal (Sala Verde). Madrid.

Foto: Pablo Lorente

Estrellas Volodia

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