Aullidos wagnerianos

MONTENEGRO (COMEDIAS BÁRBARAS)

Estaba anunciado un gran montaje y se cumplió, al menos en lo epatante. No era para menos: reunir las Comedias bárbaras, tres obras de Valle-Inclán, en una, reducir las seis horas a tres y media… Ernesto Caballero ha sido valiente y la gran producción que es Montenegro está impregnada de las mejores esencias estéticas: el hermoso vestuario, entre andrajoso y esquemático, de Rosa García Andújar, la iluminación en claroscuros crepusculares de Valentín Álvarez, el impresionante puente de piedra antigua que domina la escenografía de José Luis Raymond, y que nos remite al bosque, a lo céltico y lo agreste… Continuar leyendo “Aullidos wagnerianos”

Estrellas Volodia

Piensan, luego existen

EL RÉGIMEN DEL PIENSO

La Zaranda llega al Centro Dramático Nacional y, al contrario que otros, que se difuminan en el encargo o quedan empequeñecidos por la responsabilidad, los de Jerez ofrecen su mejor cara, insobornable y libérrima. Son muchos años, dirán, y no vamos ahora a vendernos por menos de nada. Los autores de Los que ríen los últimos, Homenaje a los malditos o Nadie lo quiere creer no han cambiado, fieles a una concepción del teatro en la que no tiene cabida el realismo ni la narrativa, pero se ríen también del post dramatismo, como si dijeran: eso lo llevamos nosotros haciendo toda la vida sin tanto ruido. Eso sí, hay que tener actores: grandes Paco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos, y muy bien adaptado a sus códigos el fichaje, Javier Semprún. Continuar leyendo “Piensan, luego existen”

Estrellas Volodia

La gran tragedia de la vieja Europa

EL MALENTENDIDO

«Éste es el fin, mi único amigo, el fin», cantaban The Doors ante el declive de toda una forma de entender la vida. Caía el napalm y en Europa se quemaban sujetadores, mientras Morrison y los suyos, acaso sin saberlo, anunciaban el fin de una época mientras se daban a la evasión poética. Luego no fue para tanto y todo siguió igual o casi, con variaciones históricas y equilibrios de poder. Treinta años antes, como ahora, Albert Camus había asistido a otro fin y otro comienzo. Continuar leyendo “La gran tragedia de la vieja Europa”

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No hay narices

CYRANO DE BERGERAC

Cuando las cosas empiezan muy bien da rabia ver cómo se desinflan. El arranque de este Cyrano que llega al Centro Dramático Nacional producido por la compañía catalana La Perla 29 es modélico: metateatralidad y juegos actorales –al fin y al cabo, el primer acto se desarrolla en un teatro– se combinan con guiños de actualidad: es curioso ver con qué naturalidad encaja el texto de Edmond Rostand referencias a nuestros políticos actuales, allí donde el francés hacía repaso de la sociedad de su momento, sin que ningún purista se escandalice en el patio de butacas. Continuar leyendo “No hay narices”

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El “ladrillazo” llega al CDN

EL INSPECTOR

Imbuido del frenesí genial de Billy Wilder en Uno, dos, tres, Miguel del Arco, el hombre de moda en la escena española, viaja de la Rusia de 1836 a la España del pelotazo actual con El inspector, de Nicolái Gogol, su merecido debut en el Centro Dramático Nacional. Del Arco va quemando etapas rápido: triunfó con versiones personalísimas de Pirandello y Gorki –las magníficas La función por hacer y Veraneantes–, demostró que era igual de solvente en el soliloquio, dando alas a Nuria Espert y a Carmen Machi en sendos dramas, y puso su sello a  De ratones y hombres,  con el que pisa fuerte también en un encargo convencional. Continuar leyendo “El “ladrillazo” llega al CDN”

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Fantástica taberna

FALSTAFF

“Desterrad al orondo Falstaff y desterraréis al mundo entero”, se defiende el susodicho en una de las muchas y geniales líneas que colecciona en Enrique IV. Falstaff, el borracho, el noble cobarde, el alegre y ocurrente amigo de juergas del joven príncipe Enrique, el putero y ladrón, como el propio Shakespeare lo describe, es, más que un personaje, una feliz intromisión en el alma humana, liberada la mirada de prejuicios. Todo eso lo han sabido transmitir Marc Rosich y Andrés Lima en un montaje que, como hizo Orson Wells en el cine, reúne los dos Enrique IV y parte de otros textos shakespearianos. Continuar leyendo “Fantástica taberna”

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Experimento extraviado

WOYZECK

La suerte del infeliz Woyzeck ha de arrastrarnos, hundirnos, conmovernos. Lo lograba Robert Wilson cuando hacía tronar a Tom Waits: «La miseria es el río de la vida». Porque sólo miseria conoce el soldado de baja estofa, carne de experimentos médicos que lo harán enloquecer. Pero el montaje del Centro Dramático Nacional tiene más de estanque que de río: Gerardo Vera construye uno de sus trabajos más hermosos en lo estético -con bosques de juncos salvajes abatibles dominando la penumbra-, pero tanto su dirección como, sobre todo, la versión de Juan Mayorga se diluyen en los problemas de alcoba del protagonista. Continuar leyendo “Experimento extraviado”

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Sin novedad en el frente

MADRE CORAJE Y SUS HIJOS

La miseria es el río del mundo, ya saben. Lo decía Orson Wells en El tercer hombre: en cinco siglos de paz, Suiza produjo el reloj de cuco, mientras que en treinta años de guerras y asesinatos, la Italia de los Borgia dio a luz a Miguel Ángel, Leonardo… Madre Coraje habría hecho buenas migas con Harry Lime: vive de la muerte y eso será su pecado y su penitencia. Continuar leyendo “Sin novedad en el frente”

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Unas bodas como una losa

BODAS DE SANGRE

Me imagino a alguien, en algún momento de la preproducción de estas Bodas de sangre que dirige José Carlos Plaza, enarbolando palabras como “raíz”, “tierra” o “pasión”. Supongo que parece obligado en una coproducción del Centro Andaluz de Teatro y el Centro Dramático Nacional, con reparto eminentemente andaluz, temática más andaluza imposible y coreografías de Cristina Hoyos. Tendrá su público, aunque el resultado es a ratos plomizo como el cielo pintado de las escenografías de Paco Leal y el propio Plaza. Continuar leyendo “Unas bodas como una losa”

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Bieito toma el poder

DON CARLOS

Calixto Bieito ha encontrado la horma de su zapato. Don Carlos, texto furibundo de Schiller, tiene pasión y violencia, pulsiones que son la arcilla perfecta para el director español. Schiller se sirvió del desencuentro entre el monarca español Felipe II y su hijo, Don Carlos, para escribir un texto tan magnético, trágico y repleto de hermosos aforismos en su verso como inexacto con la Historia. El ficticio Marqués de Poza tiene un diálogo con Felipe II que deja claro quién abanderaba la libertad y quién el autoritarismo. Schiller demonizó así al catolicismo frente al protestantismo, y a un rey que dibuja como cruel, y elevó al martirio a un infante que debió de ser poco santificable. Continuar leyendo “Bieito toma el poder”

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